Bueno, las siguientes imágenes muestran "lo de puta madre" que nos lo pasamos este año en el Creamfields y para daros algo (por no decir mucha envidia) a los que no habéis venido por diversos motivos:
jueves, 21 de agosto de 2008
RESUMEN CREAMFIELDS' 08
Cenador, campastillas, goma de butano, alcachofa Gordo, farola, cuadro eléctrico, calentadores, medio pollo, tickets falsos, merchandising, cutty shark, hermanos químicos, agua desalada, chusta, Seven, manzanas, tiroteo, focus, corsilla, empanada, alcohol, niñas borrachas, feromonas, sugus, botellas, vasos, sociooooo!!!!!
Bueno, las siguientes imágenes muestran "lo de puta madre" que nos lo pasamos este año en el Creamfields y para daros algo (por no decir mucha envidia) a los que no habéis venido por diversos motivos:



Bueno, las siguientes imágenes muestran "lo de puta madre" que nos lo pasamos este año en el Creamfields y para daros algo (por no decir mucha envidia) a los que no habéis venido por diversos motivos:
jueves, 3 de abril de 2008
UNA DE BOLOS EN JUMILLA
Últimamente parece que estamos abonados a exhibiciones multitudinarias y a baños de masas. Algunos piensan que a Antonio le gusta mucho la publicidad y la fama. Otros, que todo esto está de más, y que perdemos tiempo para nuestro objetivo prioritario: competir en Francia en condiciones. Personalmente, pienso que Antonio concierta citas a base de decisiones unilaterales a fin de obligarnos a trabajar y a espabilar. Jumilla ha sido el último caso.
Reventados tras el agotador y vertiginoso sprint de la tarde-noche del día anterior, aparecimos (algunos) a las 8 por el taller, pues todavía quedaban algunos flecos por solucionar, como terminar de montar el coche y colocar las pegatinas. Antonio llegó más tarde con la caña preparada y en furgoneta. Es el enésimo vehículo en el que aparece montado por el taller. Hacía una mañana propicia como para rodar un clip con pili dentro de la carrocería, pero el manillar estaba muy justo y Pili no parecía muy dispuesta a pincharse con los picos de fibra de dentro. Pili, esta vez te has salvado, pero te recuerdo que en Mayo tendrás que hacerlo, tanto si quieres como si no. Si no, más de uno pondrá el disco de corte, y se suicidará con la radial. Metimos el coche dentro de la "furgo" y lo atrancamos con ayuda de una caja. Opté por subirme al novedoso vehículo, a ver que con que tema de conversación me deleitaba esta vez el bueno de Antonio. Javi Morales nos acompañó. Los inicios no fueron buenos y presagiaban un amargo viaje, ya de por sí largo y tedioso. Antonio intentó bajar su ventanilla. No pudo, pues era de romper y pagar. Morales, sin embargo, si pudo bajar la suya, aunque a medias. Eché un vistazo en derredor, observando la cantidad de "abollaos" que presentaba la pared del vagón. Coscándome ante la joya ante la que me encontraba, no pude menos que preguntarle a Antonio donde había adquirido semejante "perla".
- Me la ha prestado un mecánico de allí de la ITV - contestó el patrón.
- ¡Qué bien! - dije en un tono irónico que bien hubiera podido irritar a su afortunado dueño.
Comentar que se me había ocurrido la idea de sujetar al coche con ayuda del cinturón trasero, pero éste no funcionó, debido a problemas de mantenimiento del mismo. Nosotros, gracias al cielo y al buen hacer de la Dirección General de Tráfico con sus útiles consejos, nos colocamos los nuestros. Ocurrió, que saliendo a la autovía dirección Alicante-Albacete, la puerta trasera del furgón se abrió. Javi fue el primero en percatarse. Según dicen las lenguas "malhablaás", el había sentido como una corriente de aire le había tocado la espalda, lo que le llevó a girarse y dar la voz de alarma. Antonio lo mandó a cerrar el pestillo, pero éste no pudo, Impaciente, Carpena la cerró de un portazo, creyendo haber zanjado el problema. Nada más lejos de la realidad. La puerta se abría y cerraba haciendo de nuestra travesía por la autovía una auténtica pesadilla. Todo esto tiene una cosa buena, y es que cuantas más anécdotas padece una persona, más gilipolleces tiene para contar, y así uno tiene conversación para sus nietos. Antonio, ajeno a la problemática del asunto, devoraba kilómetros a gran rapidez, mientras contaba a pares los coches que rebasaba:
- Coño, ¡cómo corre este bicho! - gritaba triunfante y sorprendido mientras la aguja se posaba sobre los 130 km/h o incluso más.
- Mira que cerca tenemos a ese BMW - le comenté mientras señalaba a un BMW biplaza de bellas proporciones.
Al parecer, el conductor debió oir nuestra conversación, pues hundió su pie en el acelerador, aumentando así la distancia que nos separaba con respecto a él.
Tras dejar atrás el polígono de Lorquí, pasamos ante un gran enjambre de grúas de gran tonelaje y maquinaria pesada variada. Antonio se puso nostálgico y no pudo evitar revelar otro capítulo más sobre su pasado.
- Yo trabajé en uno de esos antes de la ITV - resopló
- ¿Cuándo empezaste a trabajar en la ITV?
- Hace muchísimo tiempo. Desde el 95.
- Puff!! Ya ha llovido desde todo aquello. lSupongo que empezarías a trabajar a finales de los 80.
- Yo empecé en el año 92, Crespo.
- Se debe de conocer a mucha gente en la ITV. Siempre hay trasiego de gente de aquí para allá y
siempre pasa algún conocido.
- No te creas, eh.
- Tú padre me decía que eras muy estudioso, e incluso que te encerrabas a estudiar mucho tiempo con tal de evitar horas en el taller. Tu padre te apretaba para que estudiaras si no querías perderte en la dureza del día a día del taller.
- No te lo diría de esa manera. Aunque eso sí, mi padre no ha conocido otra cosa. Es cierto que desde muy joven me metí a trabajar al taller, al igual que a mis hermanos, lo que pasa es que a ellos no les gustaba, mientras que a mí sí.
- ¿Tu hermano se casa en la Iglesia de las Maravillas?
- No lo sé. Solo sé que se casa en Cehegín. ¿Conoces todas las Iglesias de por allí?
- Pues no, es la que me suena. Lo que sí sé, es que ahora han puesto una gran Cruz en la redonda de la entrada. Ahora está de moda eso de poner el armatoste más grande que se pueda a la entrada de los pueblos.
- Sí, es verdad.
- De hecho, los cehegineros pusieron en el monte algo luminoso con tal de llamar la atención para todo aquel que pasase por la autovía.
- Ja,ja,ja. Es posible.
- La verdad es que hay que saber de todo.
- Sí, la verdad que sí.
- Por saber, hay que saber hasta como pedir en un bar.
- ¿Cómo?
- Sí, por ejemplo: no es lo mismo entrar en un bar de carretera y decir: "¿me pones una ensaladilla, por favor?", que decir, "¡oye!, ponte algo de cenar que tengas por aquí".
- ¡Son dos formas de decir lo mismo!- se quejó
- Sí, pero en ese caso, uno queda mejor.
- Pues a mi me parece...
- ¡A lo que voy, Antonio! ¡Qué hay que saber defenderse en todo!...
- Sí, tienes razón.
- ...Y si te sabes veinte refranes para contar en una entrevista con un cliente en un restaurante, pues mejor que mejor.
- Sí, si, si. Sabes, Crespo, que antes pensaba que cuando mi hijo cumpliera los dieciséis, lo mandaría de cabeza al taller. Ahora, sin embargo, pienso lo contrario. Que haga lo que quiera, ¡pero yo lo apunto a inglés antes que al taller! - gritó ahogando un suspiro, supongo que recordando viejos tiempos.
- ¡A las dos cosas! - le dije yo, que no privo de mi opinión a nadie.
¿Qué dice tu hijo? ¿Qué quiere ser de mayor? - pregunté cambiando de tercio
- Pues dice que quiere ser Ingeniero Químico.
- Creo recordar que quería ser médico. ¿no es cierto?
-¡Qué haga lo que quiera! ¡Muchos padres han obligado a sus hijos a ser una cosa, y
aunque muchas veces han acertado, muchas otras han fracasado!
La conversación era fluida, más la puerta trasera no pudo aguantar más y acabó cediendo. Temí que el coche se posara sobre la carretera antes de tiempo. Antonio, harto ya, se detuvo en unos contenedores. Buscamos material de entre tanta basura, para ver si podíamos corregir el mal vicio de la puerta. Un alambre y un trozo de madera fina, habían sido los escogidos. Enganché un extremo al pestillo por dentro, mientras Antonio acordonaba el otro al cinturón. El madero atrancaría el quicio de las puertas. La medida dio sus frutos y ya no tuvimos ningún contratiempo en los 25 kilómetros que quedaban hasta Jumilla. Los civiles se cruzaron justo después de reemprender la marcha.
- ¡Uy lo que ha faltado! - resoplamos con alivio todos.
Nos hallábamos en la última recta antes de Jumilla. Parecíamos estar ya allí, pero el final no llegaba. Para Javi no era nueva esta situación. La había sentido de primera mano antes de llegar a muchos de los pueblos del Camino de Santiago.
- ¡Toma! ¡Llama a Tortosa! - instó Antonio tendiéndome su número
- ¿Cómo me dirijo a él?
- Tortosa
- ...
- ¿Tortosa? Mira, somos los del coche... ¡qué nos queda poco ya, ya vemos la gasolinera ahí delante!
- Dile que salga a recibirnos - dijo Antonio
- ¡Qué salgas a recibirnos!- le copié pegando un bocinazo que hizo reír al futuro doctor.
- ¡Vale! - respondió como si tal cosa.
En las redondas habia señalizaciones para las bodegas, pero no para el Instituto. Antonio bromeó con ello, pidiendo explicaciones al Señor:
- ¡Nada más que alcohol! ¡Solo piensan en eso los jóvenes!
- Ja,ja. Tu piensa, Antonio, que miles de jóvenes desperdician su vida por ello.
Nos detuvimos ante el Instituto "Infanta Cristina". Antonió estaba por llamar de nuevo a Tortosa, pero al parecer, lo divisó a lo lejos:
- ¡Mira! Es ese que viene corriendo
- ¿Quién? ¿El del bastón? - pregunté pues solo veía a un noble anciano avanzando a duras penas apoyando su "gallao" contra el suelo.
Un hombre de gesto sonriente y jersey azul empezó a gesticular detrás de la valla para que abrieran la puerta.
Nos condujeron al otro lado de los edificios, a un patio enorme. Tuvimos que correr detrás de la furgoneta para no perdernos.
En el patio se respiraba un ambiente de estupefacción y fanatismo automovilísitico. Tres coches construidos para diferentes fines y fabricados con un estilo peculiar, se disponían en batería: un kart, un autentico descapotable de competición y otro modelo estéticamente muy bonito y dotado de techumbre. También allí, y como era de esperar, había un hueco para nosotros. Se abrieron las puertas del furgón, y Morales y yo bajamos el coche ante la atenta mirada de sudorosos y granudos adolescentes que murmuraban comentarios del tipo:
"¡Eh! ¿Habéis visto eso?"
"¿Qué mierda es esto?"
"Y éstos, ¿quiénes son?"
"Eso, ¿es un coche?"
Dispusimos el vehículo en su sitio, y colocamos la carrocería a un lado.
"Alejémonos rápido, antes de que empiecen a escupir y a hacer comentarios dementes y desproporcionados". "A ver si vienen los otros, que éstos nos pueden" - pensaba para mis adentros.
Cuando aparecieron "los otros", antes que mandarlos a la mierda por su actitud pasota y deplorable, hice algo más productivo, pues me quité de en medio, y empecé a curiosear los otros monoplazas. Me agradó significativamente el kart, de magnífico diseño y bastante armado técnicamente. A mi vuelta, me encontré a Javi contándole no se qué a un curiosón de turno y a Pilar, rodeada por delante y por detrás, por zagalones de dieciséis años que le hacían preguntas obvias como pretexto para babearle. Cansado de tanto niñato pesado, aproveché que uno de los profesores encargados indicaba a Antonio el camino del Salón de Actos, para pegar un grito para arrastrar a David y a Pilar, de tanto pedante y consumidor semanal de alcohol. Menos mal que las zagalicas se fijaban en nuestro uniforme y nos miraban. Alguna, menos tímida que las otras, intentaba captar nuestra atención con preguntas del tipo:
"¿Quiénes sois vosotros?"
"¿Por qué vais vestidos así?"
"¿Dónde es el acto?"
Poco acostumbrados a firmar autográfos y echarnos fotos con la gente, pasamos olímpicamente, aunque no se pudieron quejar, ya que les regalamos alguna que otra sonrisa.
El salón de actos era una sala nauseabunda y poco acondicionada para la altura del evento. Mesas de pala jalonaban casi toda la estancia y un proyector iluminaba una pantalla en uno de los extremos.
Un chico joven y con cara de niño, interrumpió mi concentración para interesarse por nuestro bólido. No recuerdo las preguntas exactas, pero podían ser perfectamente, si nuestro coche era para competir y qué como funcionaba. Pronto la estancia estuvo abarrotada.
- Antonio, yo esperaba otra cosa, este salón de actos es muy chico. Aquí no va a caber nadie - aprecié yo
- Yo también - me contestó - al parecer va a haber que realizar dos exposiciones.
- ¡Vaya! Podrían habernos puesto en un salón más grande.
Los dirigentes intentaban imponer un orden del que los adolescentes carecían por naturaleza, mientras los cámaras y fotógrafos se ponían las botas con sus cámaras.
Cuando lograron desalojar a los del bachillerato de ciencias sociales, el hombre que respondía al nombre de Tortosa (como ese que tiene la atracción llamada aerobaby que se parece al canguro y en la que todos nos hemos montado alguna vez de pequeños) hizo una pequeña introducción, presentando a todos los expositores e invitados. Como estábamos muy apelotonados enfrente del respetable y el ángulo de visión era nulo, me colé en un hueco junto a la pared, al lado de Antonio.
Primero le tocó el turno a un representante de los organizadores de "Le Mans", una competición con seis pruebas en los circuitos más emblemáticos de España, con objeto de fomentar el descubrimiento de nuevos pilotos y a su vez, animar a pilotos extranjeros a que se acerquen a nuestras instalaciones.
"Entre los circuitos, destacan el Jarama, Cheste, Jerez, Cartagena, Albacete y Ascari, un circuito precioso situado en la ciudad de Ronda" - dijo con estas mismas palabras el expositor- se está barajando también la posibilidad de hacer carreras nocturnas, algo que últimamente se está poniendo muy de moda" - continuó. Habló también de la cilindrada (190 CV) y no se qué más.
Su video de presentación lo pintaba todo muy bonito, jugando mucho con las luces y las sombras de atardeceres, semáforos, una música muy al estilo del videojuego Wipeout, y destacando sobre todo el ruido de un potente motor mientras el bólido rebasaba la línea de meta. Para terminar de enganchar al personal, que mejor manera que poner imágenes de mujereres de escultural cuerpo y fingida sonrisa. La combinación motor-mujeres siempre funciona. Mientras la sangre dejaba el cerebro para desembocar en otro sitio entre la gran mayoría de la congregación masculina de turno, el portavoz recalcaba una y otra vez, con voz potente para dar más credibilidad a su perorata, que el proyecto contaba con el apoyo de Carolina Alcázar, presentadora de más que coches y de Gonzalo Serrano (sí, si, el tarugo ese que no para de repetir la archiconocida frase: "no parpadeen, que se lo van a perder. Esto es la fórmula 1, en estado puro". Llegado a este punto de su discurso, y en la segunda tanda, he de decir que cometió una errata. Gonzalo Serrano, no comenta la F1 con Paco Lobato, sino con Antonio Lobato. Esas cosas no se me pasan así como así. Es que hay que llevar cuidado porque hay gente por ahí, que no tiene nada que hacer y se dedica a escribir estas cosas en los blogs.
El caso, es que lo pintó todo muy atractivo, pero como luego me dijo Antonio, no comentó nada del precio por manejar uno de esos coches, que según él, ronda los 300 euros por carrera. Con razón decía que no hacía falta ser experto, y que con una simple llamada o correo bastaba para ponerte a sus mandos. ¡Un sacacuartos, vamos!
A continuación, A.González introdujo a Jesús para que expusiera nuestro proyecto. El primero se centró sobre todo en resaltar el carácter eminentemente educativo frente a la faceta investigadora de nuestro proyecto y a captar mentes para un futuro. Cuando pusieron el video de cuando conseguimos arrancar el motor y hacer funcionar la transmisión por vez primera, la gente se río cuando la cámara hizo un primer plano de Antonio.
- ¡Mirad, ahí tenéis al jefe! - decían mientras lo señalaban.
Lo más divertido era el turno de preguntas, pues cuando el expositor pedía preguntas, éste no cedía el micrófono y los ruegos y peticiones se diluían en el aire como azucarillos, con lo cual nadie se enteraba de nada. Gracioso también, fue el tipo que se dedicó a grabar en vídeo toda la exposición y que cuando se fue a dar cuenta, tenía mi dedo índice dándole golpecitos en su hombro izquierdo.
- ¿Qué? - preguntó algo mosqueado
- Tienes la tapa de la cámara cubriéndote el objetivo - le informé
- Ja,ja. Así es difícil que pueda grabar, ¿verdad? - dijo riéndose de su propio error
- Efectivamente - le dije mientras le hacía un gesto levantándole el pulgar
Aprovecharé este punto en la narración, para suplicar que se nos manden todos los videos, fotos, reportajes y demás, que se nos hicieron durante la mañana, ya que a David se le fue el Santo al Cielo.
La palabra que más me gustó del discurso de Robles y creo que a todo el auditorio, no fue otra que "estrámbotico". De hecho, no atendí a mucho más pues me lo sabía de sobra, y estaba consiguiendo un enchufe y tejiendo una amistad con una persona muy importante de la que hablaré a continuación.
Eusebio Nicolás, así se llamaba el chaval. Residente cerca del Zig-Zag, éste era campeón de Murcia de Karting, segundo en la Comunidad Valenciana y con alguna carrera del Campeonato de España en su haber. Pese a su corta edad, su palmarés parecía ser impresionante. La gente del segundo turno, integrada en su mayoría por chicas de 14 y 15 años, lo recibió al grito de:
- "¡Guapo!"
- "¡Tío bueno!"
Esperaba yo también la pregunta del millón: ¿Tienes novia? No cayó. Al menos, yo no la escuché
Pues cosas así. Antonio se reía, y yo con él. Al importarle poco a las mozas los trofeos que había conseguido, sus explicaciones se centraron en la dieta que seguía, sus horas de gimnasio, el interés de su padre, sus estudios, y cosas así, siempre relacionadas con la dedicación y el esfuerzo.
Interrumpiendo por un momento el silencio que entonces reinaba en la sala, el rugido de un motor de monstruosa cilindrada se encargó de destrozarlo. Sin duda, se trataba del piloto o mecánico del bólido de "Le Mans", desperdiciando gasolina "sin ton ni son".
A posteriori, nos puso un video de subidas de montaña con coches muy preparados, con una parte muy espectacular, en la que muchos de los autos salían pasados de una curva y entraban justitos en la siguiente, o que incluso perdían el control del volante y trompeaban.
Luego, se pasó a varias carreras de karting en las que aparecía él, llena de adelantamientos espectaculares y un trompazo en el estómago contra una valla de uno de ellos, que provocó el vómito de alguno de los asistentes. Comentando estas carreras, Eusebio Nicolás destacó la importancia de acostumbrarse a la velocidad, de la intensidad de estas carreras de 20 minutos y de lo divertido que era ver pelearse a niños de 8 y 9 años a los que el casco les cubre algo más que la cabeza.
Para finalizar, imágenes de la Clio´s Cup, competición de relevancia en el ámbito nacional y en la que espero competir algún día con el modelo del 91 de mi abuelo, y que como diría Morales, iría con un cigarro en la boca y con una mano sacada fuera de la ventanilla mientras truena Chimo Bayo dentro del habitáculo.
Para acabar mi descripción de las charlas, demonstraré con este hecho que la diferencia de clases siempre ha existido y existirá. Mientras hablaba el Team Manager, Eusebio Nicolás que segundos antes había conversado conmigo, encendió con su espalda y sin darse cuenta, las luces de la sala. Alguien me miró por inercia a mí, y como el mundo se rige por el principio aquel que dice: "Donde va uno, van todos los demás", todas las miradas de odio se centraron en mí. Que injusto. Y todo eso porque no soy campeón de Murcia de Karting. Menos mal, que como bien dice mi abuelo, que "a quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija". Tortosa también tuvo su momento de reconocimiento, que se produjo cuando Eusebio Nicolás lo señaló y lo presentó como comisario del Circuito de Cartagena. La gente se sintió por un momento orgullosa de tener un profesor así.
Lo peor quedaba para la salida del recinto, donde el piloto o mecánico de Le Mans se despachó a gusto:
Describo la situación y después reproduzco el diálogo:
Jesús junto a él, yo justo detrás y en un segundo plano, Antonio y David.
Y ahora, el diálogo:
- ¿Quién a soldado eso? - nos preguntó con toda la mala intención del mundo.
- Nosotros - respondió creo que Jesús.
- Pues quien haya sido, que aprenda a soldar. Esto es poco serio. ¿Tú crees que se puede hacer esto? Además, las gomas éstas os van a dar un montón de rozamiento. Tenéis que quitárselas - exigió señalando a los embellecedores que bordeaban los cristales. Y, ¡anda que el suelo! Sin suelo, ¡eso va a tener un rozamiento! ¿Y de la fibra qué? ¡Vaya un desperdicio para hacer solo esto!
No recuerdo si fue él quién dijo algo sobre la suspensión o el profesor del módulo que al contrario que el piloto, fue amable y delicado a la hora de descubrir nuestros defectos. Para más Inri, nos condujo a una clase llena de motores para intentar explicarnos el beneficio y el mecanismo de practicar unas trampillas en la parte inferior del coche para que se disipara calor y para que no surgiera el llamado "efecto paracaídas". Nos recomendó bajar un poco la suspensión y aplaudió la idea de incorporar unos pedales, cosa en la que Antonio ya había reparado. Éste se encontraba examinando de arriba a abajo el sistema del karting y no había quién le sacara de su ensimismamiento. Tortosa nos salvó de una muerte segura por exposición al sol y nos invitó a pasar a su taller.
Unos muchachos se encontraban allí intentando arracar un motor de los "gordos". Tortosa nos enseñó un sistema para localizar partes del motor que pudieran estar averiadas, y explicó su utilidad dentro del mantenimiento en la automoción, haciendo constar que lo utilizaba para que sus alumnos pudieran localizar averías que el había generado previamente. Nos explicó también que necesitaban gente por allí, y que casi todos los inscritos procedían de Lorca.
- Mañana vamos a tener un concurso muy bonito... - explicó el bueno de Tortosa -... vamos a hacer una competición de desarmar y armar un motor. Quién menos tarde, ese gana.
Sin tiempo para almorzar, y con Antonio llamando a Gónzalez para que le cubriera el puesto mientras el no llegara, decidimos volvernos. Le pedí a Tortosa una cuerda para retener la puerta fija, pero la prisa acuciaba y nos fuimos "a pelo". Al dar la vuelta, vimos a David, Pilar, Merce y a Jesús a punto de tomar asiento en el Audi. Iban a llevar a Pili a Yecla.
- A las cuatro nos vemos en la cantina - les grité por la ventanilla.
El trayecto de vuelta fue soporífero. Calor, hambre, cansancio, incomodidad, silencio... todos los ingredientes que hacían de nuestro viaje un purgatorio. Encendías el aire acondicionado y se llenaba todo de polvo, las ventanillas estaban jodidas y la puerta de atras volviéndose a abrir a la salida del pueblo. En una de esas, Carpena perdió la paciencia y se bajó del transporte. Pusimos el alambre, aunque esta vez enlazando los dos pivotes por la parte de fuera. Cuando paramos a echarle gasoil, no sabíamos ni donde estaba el depósito. Fiat Ducatto Confort, un nombre muy apropiado para definir semejante vehículo, aberración entre los de su serie y vergüenza de la carretera. Un comfort que hace que el conductor y sus ocupantes pierdan toda esperanza de volver a ver a sus seres más queridos, y que éstos caigan presos de la irritación y el malestar.
Antonio lo estaba pasando francamente mal. Manejaba el volante con resignación y denotando agotamiento. Solo le quedaba quejarse:
- Mira éstos que se han ido con las dos zagalas para allá y nosotros aquí, en la furgoneta, pasando calor. Seguro que su madre les da de comer, y nosotros aquí, muriéndonos de hambre. ¿A vosotros os parece justo?
No halló respuesta a la pregunta formulada. Todos estábamos de acuerdo, así que nos conjuramos para llegar a la meta.
Iba yo comentando lo que había sido la jornada, alegando que los pilotos de coches y los futbolistas surgen por la afición frustrada de sus padres, que al no ver realizados sus sueños, proyectan la ilusión sobre sus hijos. Como dije y no me retracto, en la mayoría de las ocasiones cumplen su propósito, pues los niños son como esponjas que lo absorben todo. Es fundamental inculcarles aquellos valores deseados, so pena de no poder educarlos correctamente. Por el contrario, algunas veces se rebotan y escogen su propio camino. Recalqué que no se da tanto el caso en los futbolistas, pues de pequeño todo el mundo quiere ser futbolista. Antonio decía que sí a todas mis deliberaciones sin sentido, motivados por el delirio que me producía el agobiante y sofocante calor que me rodeaba.
Entonces, preso de la locura, empecé a preguntarme cosas a mi mismo, con preguntas tales como:
- ¿Nos dejarían meter nuestros coches en el Circuito de Cartagena? Sería divertido echarnos una carrerilla allí.
- ¿Podríamos echar una carrera de karts algún día? Me ha dicho ese tipo que costaba 3000 euros uno de segunda mano. Pero no podemos, pues para meterlo en cualquier circuito necesitaríamos la licencia.
- Crespo, todas esas preguntas no deberías formularas ni en la ida ni en la vuelta, sino allí en el Instituto - se inmiscuyó Antonio.
- El tal Eusebio Nicolás debe de ganar un buen dinero, ¿no? - empecé a calentarle la cabeza a Carpena con mi plomiza cantinela.
- Si gana carreras, si debe de ganar, sí.
- Llevaba un "golfo" nuevo - pensé.
Cinco minutos de silencio,
- Vamos directos a la cantina - resopló Antonio como si haciera un último esfuerzo como Jesucristo antes de expirar en la Cruz.
Dicho y hecho. A las 3 y media o incluso antes, ya parábamos por la cantina. Mariano, sonriente y guasón, nos pasó su plato de zarangollo caliente por las narices. Esperando encontrar algo caliente que aliviara nuestro pesar, la camarera nos dijo la verdad. Y la verdad, duele:
- La plancha ya la hemos apagado - dijo
A Antonio se le cayó el alma a los pies. No podía ser posible. Su esfuerzo había sido en balde. Es como si vas caminando por el desierto mientras ves un oasis a lo lejos. Cuando llegas, el oasis está, pero casualmente ese día no tiene agua. O cuando esperas media hora en una barra atestada de gente, para que luego te digan que no queda Brugal. Lo mismo.
- Sólo me queda esto - apuntó nuestra amiga la camarera mostrando la bollería.
- ¡Ah, el último plato caliente me lo he llevado yo! - se mofó Mariano
- Yo quiero un pan-pizza de esos - pedí
- Y yo otro - dijo Javi
- A mi también - articuló Antonio recuperándose todavía del duro golpe.
¡Mariano! Mi padre me da el freno mañana. ¡Eso no timbra ni nada!
- A ver si es verdad - dijo Mariano divertido
- Ya verás cuando lo adaptemos. Me juego el cuello que los de Elche le han soldado una pletina al pistón y lo han enganchado con dos tornillos de acero. ¡Me juego el cuello, Mariano! - exclamó Antonio triunfante
Cuando se retiró Mariano, Antonio seguía en sus trece:
- ¡Anda que éstos! Comiendo con éstas y caliente. Y nosotros aquí, hechos unos pringaos.
- Todos somos pringaos alguna vez. Lo importante no es serlo siempre - afirmé convencido
- ¡Ahi está! - aprobaron Morales y el ingeniero de la ITV girándose al unísono.
Reventados tras el agotador y vertiginoso sprint de la tarde-noche del día anterior, aparecimos (algunos) a las 8 por el taller, pues todavía quedaban algunos flecos por solucionar, como terminar de montar el coche y colocar las pegatinas. Antonio llegó más tarde con la caña preparada y en furgoneta. Es el enésimo vehículo en el que aparece montado por el taller. Hacía una mañana propicia como para rodar un clip con pili dentro de la carrocería, pero el manillar estaba muy justo y Pili no parecía muy dispuesta a pincharse con los picos de fibra de dentro. Pili, esta vez te has salvado, pero te recuerdo que en Mayo tendrás que hacerlo, tanto si quieres como si no. Si no, más de uno pondrá el disco de corte, y se suicidará con la radial. Metimos el coche dentro de la "furgo" y lo atrancamos con ayuda de una caja. Opté por subirme al novedoso vehículo, a ver que con que tema de conversación me deleitaba esta vez el bueno de Antonio. Javi Morales nos acompañó. Los inicios no fueron buenos y presagiaban un amargo viaje, ya de por sí largo y tedioso. Antonio intentó bajar su ventanilla. No pudo, pues era de romper y pagar. Morales, sin embargo, si pudo bajar la suya, aunque a medias. Eché un vistazo en derredor, observando la cantidad de "abollaos" que presentaba la pared del vagón. Coscándome ante la joya ante la que me encontraba, no pude menos que preguntarle a Antonio donde había adquirido semejante "perla".
- Me la ha prestado un mecánico de allí de la ITV - contestó el patrón.
- ¡Qué bien! - dije en un tono irónico que bien hubiera podido irritar a su afortunado dueño.
Comentar que se me había ocurrido la idea de sujetar al coche con ayuda del cinturón trasero, pero éste no funcionó, debido a problemas de mantenimiento del mismo. Nosotros, gracias al cielo y al buen hacer de la Dirección General de Tráfico con sus útiles consejos, nos colocamos los nuestros. Ocurrió, que saliendo a la autovía dirección Alicante-Albacete, la puerta trasera del furgón se abrió. Javi fue el primero en percatarse. Según dicen las lenguas "malhablaás", el había sentido como una corriente de aire le había tocado la espalda, lo que le llevó a girarse y dar la voz de alarma. Antonio lo mandó a cerrar el pestillo, pero éste no pudo, Impaciente, Carpena la cerró de un portazo, creyendo haber zanjado el problema. Nada más lejos de la realidad. La puerta se abría y cerraba haciendo de nuestra travesía por la autovía una auténtica pesadilla. Todo esto tiene una cosa buena, y es que cuantas más anécdotas padece una persona, más gilipolleces tiene para contar, y así uno tiene conversación para sus nietos. Antonio, ajeno a la problemática del asunto, devoraba kilómetros a gran rapidez, mientras contaba a pares los coches que rebasaba:
- Coño, ¡cómo corre este bicho! - gritaba triunfante y sorprendido mientras la aguja se posaba sobre los 130 km/h o incluso más.
- Mira que cerca tenemos a ese BMW - le comenté mientras señalaba a un BMW biplaza de bellas proporciones.
Al parecer, el conductor debió oir nuestra conversación, pues hundió su pie en el acelerador, aumentando así la distancia que nos separaba con respecto a él.
Tras dejar atrás el polígono de Lorquí, pasamos ante un gran enjambre de grúas de gran tonelaje y maquinaria pesada variada. Antonio se puso nostálgico y no pudo evitar revelar otro capítulo más sobre su pasado.
- Yo trabajé en uno de esos antes de la ITV - resopló
- ¿Cuándo empezaste a trabajar en la ITV?
- Hace muchísimo tiempo. Desde el 95.
- Puff!! Ya ha llovido desde todo aquello. lSupongo que empezarías a trabajar a finales de los 80.
- Yo empecé en el año 92, Crespo.
- Se debe de conocer a mucha gente en la ITV. Siempre hay trasiego de gente de aquí para allá y
siempre pasa algún conocido.
- No te creas, eh.
- Tú padre me decía que eras muy estudioso, e incluso que te encerrabas a estudiar mucho tiempo con tal de evitar horas en el taller. Tu padre te apretaba para que estudiaras si no querías perderte en la dureza del día a día del taller.
- No te lo diría de esa manera. Aunque eso sí, mi padre no ha conocido otra cosa. Es cierto que desde muy joven me metí a trabajar al taller, al igual que a mis hermanos, lo que pasa es que a ellos no les gustaba, mientras que a mí sí.
- ¿Tu hermano se casa en la Iglesia de las Maravillas?
- No lo sé. Solo sé que se casa en Cehegín. ¿Conoces todas las Iglesias de por allí?
- Pues no, es la que me suena. Lo que sí sé, es que ahora han puesto una gran Cruz en la redonda de la entrada. Ahora está de moda eso de poner el armatoste más grande que se pueda a la entrada de los pueblos.
- Sí, es verdad.
- De hecho, los cehegineros pusieron en el monte algo luminoso con tal de llamar la atención para todo aquel que pasase por la autovía.
- Ja,ja,ja. Es posible.
- La verdad es que hay que saber de todo.
- Sí, la verdad que sí.
- Por saber, hay que saber hasta como pedir en un bar.
- ¿Cómo?
- Sí, por ejemplo: no es lo mismo entrar en un bar de carretera y decir: "¿me pones una ensaladilla, por favor?", que decir, "¡oye!, ponte algo de cenar que tengas por aquí".
- ¡Son dos formas de decir lo mismo!- se quejó
- Sí, pero en ese caso, uno queda mejor.
- Pues a mi me parece...
- ¡A lo que voy, Antonio! ¡Qué hay que saber defenderse en todo!...
- Sí, tienes razón.
- ...Y si te sabes veinte refranes para contar en una entrevista con un cliente en un restaurante, pues mejor que mejor.
- Sí, si, si. Sabes, Crespo, que antes pensaba que cuando mi hijo cumpliera los dieciséis, lo mandaría de cabeza al taller. Ahora, sin embargo, pienso lo contrario. Que haga lo que quiera, ¡pero yo lo apunto a inglés antes que al taller! - gritó ahogando un suspiro, supongo que recordando viejos tiempos.
- ¡A las dos cosas! - le dije yo, que no privo de mi opinión a nadie.
¿Qué dice tu hijo? ¿Qué quiere ser de mayor? - pregunté cambiando de tercio
- Pues dice que quiere ser Ingeniero Químico.
- Creo recordar que quería ser médico. ¿no es cierto?
-¡Qué haga lo que quiera! ¡Muchos padres han obligado a sus hijos a ser una cosa, y
aunque muchas veces han acertado, muchas otras han fracasado!
La conversación era fluida, más la puerta trasera no pudo aguantar más y acabó cediendo. Temí que el coche se posara sobre la carretera antes de tiempo. Antonio, harto ya, se detuvo en unos contenedores. Buscamos material de entre tanta basura, para ver si podíamos corregir el mal vicio de la puerta. Un alambre y un trozo de madera fina, habían sido los escogidos. Enganché un extremo al pestillo por dentro, mientras Antonio acordonaba el otro al cinturón. El madero atrancaría el quicio de las puertas. La medida dio sus frutos y ya no tuvimos ningún contratiempo en los 25 kilómetros que quedaban hasta Jumilla. Los civiles se cruzaron justo después de reemprender la marcha.
- ¡Uy lo que ha faltado! - resoplamos con alivio todos.
Nos hallábamos en la última recta antes de Jumilla. Parecíamos estar ya allí, pero el final no llegaba. Para Javi no era nueva esta situación. La había sentido de primera mano antes de llegar a muchos de los pueblos del Camino de Santiago.
- ¡Toma! ¡Llama a Tortosa! - instó Antonio tendiéndome su número
- ¿Cómo me dirijo a él?
- Tortosa
- ...
- ¿Tortosa? Mira, somos los del coche... ¡qué nos queda poco ya, ya vemos la gasolinera ahí delante!
- Dile que salga a recibirnos - dijo Antonio
- ¡Qué salgas a recibirnos!- le copié pegando un bocinazo que hizo reír al futuro doctor.
- ¡Vale! - respondió como si tal cosa.
En las redondas habia señalizaciones para las bodegas, pero no para el Instituto. Antonio bromeó con ello, pidiendo explicaciones al Señor:
- ¡Nada más que alcohol! ¡Solo piensan en eso los jóvenes!
- Ja,ja. Tu piensa, Antonio, que miles de jóvenes desperdician su vida por ello.
Nos detuvimos ante el Instituto "Infanta Cristina". Antonió estaba por llamar de nuevo a Tortosa, pero al parecer, lo divisó a lo lejos:
- ¡Mira! Es ese que viene corriendo
- ¿Quién? ¿El del bastón? - pregunté pues solo veía a un noble anciano avanzando a duras penas apoyando su "gallao" contra el suelo.
Un hombre de gesto sonriente y jersey azul empezó a gesticular detrás de la valla para que abrieran la puerta.
Nos condujeron al otro lado de los edificios, a un patio enorme. Tuvimos que correr detrás de la furgoneta para no perdernos.
En el patio se respiraba un ambiente de estupefacción y fanatismo automovilísitico. Tres coches construidos para diferentes fines y fabricados con un estilo peculiar, se disponían en batería: un kart, un autentico descapotable de competición y otro modelo estéticamente muy bonito y dotado de techumbre. También allí, y como era de esperar, había un hueco para nosotros. Se abrieron las puertas del furgón, y Morales y yo bajamos el coche ante la atenta mirada de sudorosos y granudos adolescentes que murmuraban comentarios del tipo:
"¡Eh! ¿Habéis visto eso?"
"¿Qué mierda es esto?"
"Y éstos, ¿quiénes son?"
"Eso, ¿es un coche?"
Dispusimos el vehículo en su sitio, y colocamos la carrocería a un lado.
"Alejémonos rápido, antes de que empiecen a escupir y a hacer comentarios dementes y desproporcionados". "A ver si vienen los otros, que éstos nos pueden" - pensaba para mis adentros.
Cuando aparecieron "los otros", antes que mandarlos a la mierda por su actitud pasota y deplorable, hice algo más productivo, pues me quité de en medio, y empecé a curiosear los otros monoplazas. Me agradó significativamente el kart, de magnífico diseño y bastante armado técnicamente. A mi vuelta, me encontré a Javi contándole no se qué a un curiosón de turno y a Pilar, rodeada por delante y por detrás, por zagalones de dieciséis años que le hacían preguntas obvias como pretexto para babearle. Cansado de tanto niñato pesado, aproveché que uno de los profesores encargados indicaba a Antonio el camino del Salón de Actos, para pegar un grito para arrastrar a David y a Pilar, de tanto pedante y consumidor semanal de alcohol. Menos mal que las zagalicas se fijaban en nuestro uniforme y nos miraban. Alguna, menos tímida que las otras, intentaba captar nuestra atención con preguntas del tipo:
"¿Quiénes sois vosotros?"
"¿Por qué vais vestidos así?"
"¿Dónde es el acto?"
Poco acostumbrados a firmar autográfos y echarnos fotos con la gente, pasamos olímpicamente, aunque no se pudieron quejar, ya que les regalamos alguna que otra sonrisa.
El salón de actos era una sala nauseabunda y poco acondicionada para la altura del evento. Mesas de pala jalonaban casi toda la estancia y un proyector iluminaba una pantalla en uno de los extremos.
Un chico joven y con cara de niño, interrumpió mi concentración para interesarse por nuestro bólido. No recuerdo las preguntas exactas, pero podían ser perfectamente, si nuestro coche era para competir y qué como funcionaba. Pronto la estancia estuvo abarrotada.
- Antonio, yo esperaba otra cosa, este salón de actos es muy chico. Aquí no va a caber nadie - aprecié yo
- Yo también - me contestó - al parecer va a haber que realizar dos exposiciones.
- ¡Vaya! Podrían habernos puesto en un salón más grande.
Los dirigentes intentaban imponer un orden del que los adolescentes carecían por naturaleza, mientras los cámaras y fotógrafos se ponían las botas con sus cámaras.
Cuando lograron desalojar a los del bachillerato de ciencias sociales, el hombre que respondía al nombre de Tortosa (como ese que tiene la atracción llamada aerobaby que se parece al canguro y en la que todos nos hemos montado alguna vez de pequeños) hizo una pequeña introducción, presentando a todos los expositores e invitados. Como estábamos muy apelotonados enfrente del respetable y el ángulo de visión era nulo, me colé en un hueco junto a la pared, al lado de Antonio.
Primero le tocó el turno a un representante de los organizadores de "Le Mans", una competición con seis pruebas en los circuitos más emblemáticos de España, con objeto de fomentar el descubrimiento de nuevos pilotos y a su vez, animar a pilotos extranjeros a que se acerquen a nuestras instalaciones.
"Entre los circuitos, destacan el Jarama, Cheste, Jerez, Cartagena, Albacete y Ascari, un circuito precioso situado en la ciudad de Ronda" - dijo con estas mismas palabras el expositor- se está barajando también la posibilidad de hacer carreras nocturnas, algo que últimamente se está poniendo muy de moda" - continuó. Habló también de la cilindrada (190 CV) y no se qué más.
Su video de presentación lo pintaba todo muy bonito, jugando mucho con las luces y las sombras de atardeceres, semáforos, una música muy al estilo del videojuego Wipeout, y destacando sobre todo el ruido de un potente motor mientras el bólido rebasaba la línea de meta. Para terminar de enganchar al personal, que mejor manera que poner imágenes de mujereres de escultural cuerpo y fingida sonrisa. La combinación motor-mujeres siempre funciona. Mientras la sangre dejaba el cerebro para desembocar en otro sitio entre la gran mayoría de la congregación masculina de turno, el portavoz recalcaba una y otra vez, con voz potente para dar más credibilidad a su perorata, que el proyecto contaba con el apoyo de Carolina Alcázar, presentadora de más que coches y de Gonzalo Serrano (sí, si, el tarugo ese que no para de repetir la archiconocida frase: "no parpadeen, que se lo van a perder. Esto es la fórmula 1, en estado puro". Llegado a este punto de su discurso, y en la segunda tanda, he de decir que cometió una errata. Gonzalo Serrano, no comenta la F1 con Paco Lobato, sino con Antonio Lobato. Esas cosas no se me pasan así como así. Es que hay que llevar cuidado porque hay gente por ahí, que no tiene nada que hacer y se dedica a escribir estas cosas en los blogs.
El caso, es que lo pintó todo muy atractivo, pero como luego me dijo Antonio, no comentó nada del precio por manejar uno de esos coches, que según él, ronda los 300 euros por carrera. Con razón decía que no hacía falta ser experto, y que con una simple llamada o correo bastaba para ponerte a sus mandos. ¡Un sacacuartos, vamos!
A continuación, A.González introdujo a Jesús para que expusiera nuestro proyecto. El primero se centró sobre todo en resaltar el carácter eminentemente educativo frente a la faceta investigadora de nuestro proyecto y a captar mentes para un futuro. Cuando pusieron el video de cuando conseguimos arrancar el motor y hacer funcionar la transmisión por vez primera, la gente se río cuando la cámara hizo un primer plano de Antonio.
- ¡Mirad, ahí tenéis al jefe! - decían mientras lo señalaban.
Lo más divertido era el turno de preguntas, pues cuando el expositor pedía preguntas, éste no cedía el micrófono y los ruegos y peticiones se diluían en el aire como azucarillos, con lo cual nadie se enteraba de nada. Gracioso también, fue el tipo que se dedicó a grabar en vídeo toda la exposición y que cuando se fue a dar cuenta, tenía mi dedo índice dándole golpecitos en su hombro izquierdo.
- ¿Qué? - preguntó algo mosqueado
- Tienes la tapa de la cámara cubriéndote el objetivo - le informé
- Ja,ja. Así es difícil que pueda grabar, ¿verdad? - dijo riéndose de su propio error
- Efectivamente - le dije mientras le hacía un gesto levantándole el pulgar
Aprovecharé este punto en la narración, para suplicar que se nos manden todos los videos, fotos, reportajes y demás, que se nos hicieron durante la mañana, ya que a David se le fue el Santo al Cielo.
La palabra que más me gustó del discurso de Robles y creo que a todo el auditorio, no fue otra que "estrámbotico". De hecho, no atendí a mucho más pues me lo sabía de sobra, y estaba consiguiendo un enchufe y tejiendo una amistad con una persona muy importante de la que hablaré a continuación.
Eusebio Nicolás, así se llamaba el chaval. Residente cerca del Zig-Zag, éste era campeón de Murcia de Karting, segundo en la Comunidad Valenciana y con alguna carrera del Campeonato de España en su haber. Pese a su corta edad, su palmarés parecía ser impresionante. La gente del segundo turno, integrada en su mayoría por chicas de 14 y 15 años, lo recibió al grito de:
- "¡Guapo!"
- "¡Tío bueno!"
Esperaba yo también la pregunta del millón: ¿Tienes novia? No cayó. Al menos, yo no la escuché
Pues cosas así. Antonio se reía, y yo con él. Al importarle poco a las mozas los trofeos que había conseguido, sus explicaciones se centraron en la dieta que seguía, sus horas de gimnasio, el interés de su padre, sus estudios, y cosas así, siempre relacionadas con la dedicación y el esfuerzo.
Interrumpiendo por un momento el silencio que entonces reinaba en la sala, el rugido de un motor de monstruosa cilindrada se encargó de destrozarlo. Sin duda, se trataba del piloto o mecánico del bólido de "Le Mans", desperdiciando gasolina "sin ton ni son".
A posteriori, nos puso un video de subidas de montaña con coches muy preparados, con una parte muy espectacular, en la que muchos de los autos salían pasados de una curva y entraban justitos en la siguiente, o que incluso perdían el control del volante y trompeaban.
Luego, se pasó a varias carreras de karting en las que aparecía él, llena de adelantamientos espectaculares y un trompazo en el estómago contra una valla de uno de ellos, que provocó el vómito de alguno de los asistentes. Comentando estas carreras, Eusebio Nicolás destacó la importancia de acostumbrarse a la velocidad, de la intensidad de estas carreras de 20 minutos y de lo divertido que era ver pelearse a niños de 8 y 9 años a los que el casco les cubre algo más que la cabeza.
Para finalizar, imágenes de la Clio´s Cup, competición de relevancia en el ámbito nacional y en la que espero competir algún día con el modelo del 91 de mi abuelo, y que como diría Morales, iría con un cigarro en la boca y con una mano sacada fuera de la ventanilla mientras truena Chimo Bayo dentro del habitáculo.
Para acabar mi descripción de las charlas, demonstraré con este hecho que la diferencia de clases siempre ha existido y existirá. Mientras hablaba el Team Manager, Eusebio Nicolás que segundos antes había conversado conmigo, encendió con su espalda y sin darse cuenta, las luces de la sala. Alguien me miró por inercia a mí, y como el mundo se rige por el principio aquel que dice: "Donde va uno, van todos los demás", todas las miradas de odio se centraron en mí. Que injusto. Y todo eso porque no soy campeón de Murcia de Karting. Menos mal, que como bien dice mi abuelo, que "a quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija". Tortosa también tuvo su momento de reconocimiento, que se produjo cuando Eusebio Nicolás lo señaló y lo presentó como comisario del Circuito de Cartagena. La gente se sintió por un momento orgullosa de tener un profesor así.
Lo peor quedaba para la salida del recinto, donde el piloto o mecánico de Le Mans se despachó a gusto:
Describo la situación y después reproduzco el diálogo:
Jesús junto a él, yo justo detrás y en un segundo plano, Antonio y David.
Y ahora, el diálogo:
- ¿Quién a soldado eso? - nos preguntó con toda la mala intención del mundo.
- Nosotros - respondió creo que Jesús.
- Pues quien haya sido, que aprenda a soldar. Esto es poco serio. ¿Tú crees que se puede hacer esto? Además, las gomas éstas os van a dar un montón de rozamiento. Tenéis que quitárselas - exigió señalando a los embellecedores que bordeaban los cristales. Y, ¡anda que el suelo! Sin suelo, ¡eso va a tener un rozamiento! ¿Y de la fibra qué? ¡Vaya un desperdicio para hacer solo esto!
No recuerdo si fue él quién dijo algo sobre la suspensión o el profesor del módulo que al contrario que el piloto, fue amable y delicado a la hora de descubrir nuestros defectos. Para más Inri, nos condujo a una clase llena de motores para intentar explicarnos el beneficio y el mecanismo de practicar unas trampillas en la parte inferior del coche para que se disipara calor y para que no surgiera el llamado "efecto paracaídas". Nos recomendó bajar un poco la suspensión y aplaudió la idea de incorporar unos pedales, cosa en la que Antonio ya había reparado. Éste se encontraba examinando de arriba a abajo el sistema del karting y no había quién le sacara de su ensimismamiento. Tortosa nos salvó de una muerte segura por exposición al sol y nos invitó a pasar a su taller.
Unos muchachos se encontraban allí intentando arracar un motor de los "gordos". Tortosa nos enseñó un sistema para localizar partes del motor que pudieran estar averiadas, y explicó su utilidad dentro del mantenimiento en la automoción, haciendo constar que lo utilizaba para que sus alumnos pudieran localizar averías que el había generado previamente. Nos explicó también que necesitaban gente por allí, y que casi todos los inscritos procedían de Lorca.
- Mañana vamos a tener un concurso muy bonito... - explicó el bueno de Tortosa -... vamos a hacer una competición de desarmar y armar un motor. Quién menos tarde, ese gana.
Sin tiempo para almorzar, y con Antonio llamando a Gónzalez para que le cubriera el puesto mientras el no llegara, decidimos volvernos. Le pedí a Tortosa una cuerda para retener la puerta fija, pero la prisa acuciaba y nos fuimos "a pelo". Al dar la vuelta, vimos a David, Pilar, Merce y a Jesús a punto de tomar asiento en el Audi. Iban a llevar a Pili a Yecla.
- A las cuatro nos vemos en la cantina - les grité por la ventanilla.
El trayecto de vuelta fue soporífero. Calor, hambre, cansancio, incomodidad, silencio... todos los ingredientes que hacían de nuestro viaje un purgatorio. Encendías el aire acondicionado y se llenaba todo de polvo, las ventanillas estaban jodidas y la puerta de atras volviéndose a abrir a la salida del pueblo. En una de esas, Carpena perdió la paciencia y se bajó del transporte. Pusimos el alambre, aunque esta vez enlazando los dos pivotes por la parte de fuera. Cuando paramos a echarle gasoil, no sabíamos ni donde estaba el depósito. Fiat Ducatto Confort, un nombre muy apropiado para definir semejante vehículo, aberración entre los de su serie y vergüenza de la carretera. Un comfort que hace que el conductor y sus ocupantes pierdan toda esperanza de volver a ver a sus seres más queridos, y que éstos caigan presos de la irritación y el malestar.
Antonio lo estaba pasando francamente mal. Manejaba el volante con resignación y denotando agotamiento. Solo le quedaba quejarse:
- Mira éstos que se han ido con las dos zagalas para allá y nosotros aquí, en la furgoneta, pasando calor. Seguro que su madre les da de comer, y nosotros aquí, muriéndonos de hambre. ¿A vosotros os parece justo?
No halló respuesta a la pregunta formulada. Todos estábamos de acuerdo, así que nos conjuramos para llegar a la meta.
Iba yo comentando lo que había sido la jornada, alegando que los pilotos de coches y los futbolistas surgen por la afición frustrada de sus padres, que al no ver realizados sus sueños, proyectan la ilusión sobre sus hijos. Como dije y no me retracto, en la mayoría de las ocasiones cumplen su propósito, pues los niños son como esponjas que lo absorben todo. Es fundamental inculcarles aquellos valores deseados, so pena de no poder educarlos correctamente. Por el contrario, algunas veces se rebotan y escogen su propio camino. Recalqué que no se da tanto el caso en los futbolistas, pues de pequeño todo el mundo quiere ser futbolista. Antonio decía que sí a todas mis deliberaciones sin sentido, motivados por el delirio que me producía el agobiante y sofocante calor que me rodeaba.
Entonces, preso de la locura, empecé a preguntarme cosas a mi mismo, con preguntas tales como:
- ¿Nos dejarían meter nuestros coches en el Circuito de Cartagena? Sería divertido echarnos una carrerilla allí.
- ¿Podríamos echar una carrera de karts algún día? Me ha dicho ese tipo que costaba 3000 euros uno de segunda mano. Pero no podemos, pues para meterlo en cualquier circuito necesitaríamos la licencia.
- Crespo, todas esas preguntas no deberías formularas ni en la ida ni en la vuelta, sino allí en el Instituto - se inmiscuyó Antonio.
- El tal Eusebio Nicolás debe de ganar un buen dinero, ¿no? - empecé a calentarle la cabeza a Carpena con mi plomiza cantinela.
- Si gana carreras, si debe de ganar, sí.
- Llevaba un "golfo" nuevo - pensé.
Cinco minutos de silencio,
- Vamos directos a la cantina - resopló Antonio como si haciera un último esfuerzo como Jesucristo antes de expirar en la Cruz.
Dicho y hecho. A las 3 y media o incluso antes, ya parábamos por la cantina. Mariano, sonriente y guasón, nos pasó su plato de zarangollo caliente por las narices. Esperando encontrar algo caliente que aliviara nuestro pesar, la camarera nos dijo la verdad. Y la verdad, duele:
- La plancha ya la hemos apagado - dijo
A Antonio se le cayó el alma a los pies. No podía ser posible. Su esfuerzo había sido en balde. Es como si vas caminando por el desierto mientras ves un oasis a lo lejos. Cuando llegas, el oasis está, pero casualmente ese día no tiene agua. O cuando esperas media hora en una barra atestada de gente, para que luego te digan que no queda Brugal. Lo mismo.
- Sólo me queda esto - apuntó nuestra amiga la camarera mostrando la bollería.
- ¡Ah, el último plato caliente me lo he llevado yo! - se mofó Mariano
- Yo quiero un pan-pizza de esos - pedí
- Y yo otro - dijo Javi
- A mi también - articuló Antonio recuperándose todavía del duro golpe.
¡Mariano! Mi padre me da el freno mañana. ¡Eso no timbra ni nada!
- A ver si es verdad - dijo Mariano divertido
- Ya verás cuando lo adaptemos. Me juego el cuello que los de Elche le han soldado una pletina al pistón y lo han enganchado con dos tornillos de acero. ¡Me juego el cuello, Mariano! - exclamó Antonio triunfante
Cuando se retiró Mariano, Antonio seguía en sus trece:
- ¡Anda que éstos! Comiendo con éstas y caliente. Y nosotros aquí, hechos unos pringaos.
- Todos somos pringaos alguna vez. Lo importante no es serlo siempre - afirmé convencido
- ¡Ahi está! - aprobaron Morales y el ingeniero de la ITV girándose al unísono.
miércoles, 19 de marzo de 2008
CODEÁNDOSE CON LOS MEJORES
Que somos una panda de insensatos y chalados es ya un hecho. Sólo así se explica que quedemos para trabajar el día 3 de Enero o el Puente de la Constitución. Para dar más credibilidad a mi argumento, se está negociando la posibilidad de subir el día del Bando de la Huerta. Pero esto también tiene sus momentos gratificantes. Y ayer ocurrió uno de ellos. Jesús me llamó al móvil para anunciarme que íbamos a ver un Fórmula 1 y que tenía que apresurarme si quería comer. A las 3 menos 10 nos plantamos en la ITV portando un maletín y una caja mirando a ambos lados con suma cautela, como si fuéramos sospechosos de algún delito. Un tipo nos hizo un gesto evidente desde el otro lado del mostrador indicando claramente que entráramos sin hacer preguntas. Pusimos el maletín y la caja sobre la mesa y Antonio abrió la mercancía.
- Éstos son - dijo su compañero - voy un momento a por la mercancía. Ahora vengo
- ¿Qué? ¿Cómo ha ido la cosa? - preguntó Antonio mostrando las brocas de medio milímetro.
- Digamos que ha sido un día provechoso para la radial - respondió tácitamente Jesús
- ¡Crespo, dime la verdad! - apresuró a decir Carpena
- No lo veo - le respondí
- ¡Joder!
En ese momento irrumpió el compañero en la sala:
- Ya está. ¡Venga en marcha!
- Id detrás de él. Lleva un 406. Ahora vais a ver un coche de carreras de los de verdad.
Bordeamos el túnel de la ITV y aguardamos a nuestro misterioso compañero en la puerta de salida.
- Éste es bueno. Alguna vez que he venido, me ha dicho: "Ron, que dices, ¿como va el auto?"
Cuando me vine a dar cuenta, el sol ya no me daba en la cara, pues tenía a Antonio apoyado contra mi ventana y con la mirada perdida.
- ¿Qué vais a hacer esta tarde? - preguntó como si no se fiara de nosotros y como si tuviera remordimiento de dejarnos solos a nuestro libre albedrío.
- Vamos a echarle fibra y a dejarlo bonico.
- Bien. Yo voy a desmontar el motor y a hacerle el agujero al chiclé.
Seguimos al 406 hasta el punto P situado en la antigua carretera de Molina. Grúas Milenio, así se llamaba la empresa. Atravesamos el portón, escoltando, uno a cada lado, a nuestro rechoncho amigo, ataviado con gafas de sol y con mueca seria y expectante.
- ¡Mirad, ése es! - anunció sin inmutarse
- ¿El del pelo largo?
- Sí, ese. Parece ser que le faltan las perras.
J.A. Saura no reflejaba del todo su status de millonario ocioso y caprichoso. Pese a no vestir ropa cara (llevaba zapatos, un polo azul marino y unos vaqueros), sus gestos y su actitud, además de su pelo me recordaban un personaje puente entre Quique Pina y Perico Wilches. Pero no, ahora que lo pienso mejor, le trae un cierto aire al bueno de Pocholo.
Entramos en uno de los talleres.
- ¡Ese es! - señalando la caja que yo portaba en mi mano derecha sin ni siquiera pararse a saludar - ¡ese es el que lleva la guardia civil en la carretera para ponérselo a las motos!
- ¡Pues venga!, vamos a ponérselo. ¿Cuánto exige la reglamentación? - dijo el de la ITV
- 90 decibelios. No más. Un cuarto de la potencia del motor.
Allí fuera se encontraba el bólido. Un Porsche 996 Cup con motor de 3500 cc y totalmente preparado de fábrica para enfrentarse a las máquinas más poderosas de todo el país. La publicidad del vehículo se resumía a "Grúas Milenio" exclusivamente, empresa propiedad (entre otras) de nuestro nuevo amiguito.
-¡Dale caña! - exigió Saura al mecánico joven
- ¡Moc,moc,moc! El mujido del automóvil fue indescriptible. Algunos de los que nos encontrábamos agachados sentimos su poder, tragando alguna que otra bocanada de humo y salpicándonos alguna que otra gota de gasolina en la ropa. Pronto el suelo estuvo empapado de combustible.
- ¡Acelera a tope! - dijo alguien
El sonómetro que yo sostenía marcaba diferentes valores al de "compañero". Calibró el suyo y me dijo que pusiera el mío a medio metro y a 45 grados de inclinación con el tubo de escape. Jesús, él y yo nos turnamos para efectuar las medidas.
Los aparatos marcaban 105 y 107 dB, respectivamente.
- Vamos al otro - dijo Juan Antonio señalando a otro Porsche colocado en paralelo.
También superaba con creces los 90 dB.
- Esto no puede ser. Si no es un coche modificado. Si sale así de casa.
- ¡Mierda! Tienen que marcar menos de 90. ¿Están correctamente calibrados? - preguntó Saura empezando a impacientarse ya.
- Sí, los aparatos están totalmente homologados y calibrados - respondió confiado "compañero"
Un tipo calvo y de gafas, se mostró susceptible y nervioso en todo momento y no paró de entrar y salir a su despacho en busca de los planos y las reglas de la competición.
- Aquí dice que hay que efectuar tres medidas a cada lado - leyó dándoselas de entendido
- Pero al estar los dos tubarros juntos con tomar una serie de tres basta - dijo "compañero" bajándole los humos.
Dos o tres mecánicos se arrecimaban en torno a nosotros constituyendo un grupo de mirones integrado por unas ocho personas. Mientras discutían, Jesús y yo nos dedicábamos a ver el interior del vehículo. Estaba escrupulosamente tapizado, el contacto llave estaba a la izquierda del volante y todas las ruedas colocadas con pasadores. Las puertas y el maletero eran de fibra de carbono y los cristales de las ventanillas de policarbonato.
- La suspensión va con cilindros de nitrógeno, dijo "compañero". Mira, tiene tres indicó - uno delante en el capó, otró en el lateral y otro ahí detrás.
El motor se encontraba en el interior del maletero y constaba de una doble bancada que ocupaba un metro y medio de ancho.
"Compañero" llamó a la ITV para localizar los datos del vehículo. Cuando terminó su llamada anunció:
- El coche debe de dar 102-103 dB.
- ¿Cómo te llamas tú?
- Domingo.
- Domingo. Si es que un coche de carreras es imposible que no sobrepase los 90. Nada más que en el arranque coge ya 90. Imagínate allí dándole "canela" al coche.
- Ya, si es lo que yo digo. En fin, si lo exigen es porque se podrá de alguna manera.
- ¡Venid hacia acá! - ordenó un tanto agitado
Nos desplazamos hasta un Mercedes verde SL 500 dotado de 5000 cc, una mala bestia al alcance de muy pocos. Al arrancarlo no superó la cota de los 70, más cuando aceleró (apenas se notó) llegó hasta los 88 dB.
- ¡88! Le dijimos cuando salió del coche.
- ¡Joder! ¡Y porque este coche es silencioso. ¿Cómo pueden exigirle a un coche de carreras menos de 90 dB? - preguntó retóricamente el personaje sin parar de hacer aspavientos con ambos brazos.
Volvimos hasta la altura del deportivo. A alguien le dio por probar tapando con cartones el tubo de escape (creo que al propio saura), pero no funcionó.
- No me lo puedo creer - dijo - En todas las carreras donde hemos corrido, La levantina, que incluye la prueba de Valencia, Albacete y Cartagena no nos miden el sonido del coche, y van los madrileños ahora y dicen que 90. ¡Hay que joderse! ¡Bueno!, ¡pasad!, ¡vamos a tomarnos un café!
Jesús y yo no pudimos evitar mirar atrás a admirar aquella maravilla, mientras Domingo y el campeón atrevesaban el umbral de la puerta. Cuando intentamos pasar, ya se encontraba cerrada. Alguien nos abrió desde el interior, viendo que buscábamos sensores táctiles. Domingo asomó la cabeza y no pudo disimular una sonrisa burlona.
Su despacho era perfecto. Típico de un jugador de póker que ha sabido jugar bien sus cartas. Era espacioso, amplio, y minuiciosamente pintado y ordenado. Los sillones eran blancos y tapizados, las sillas confortables, las lámparas adosadas al techo de las que se regulan girando. Predominaba el blanco en la estancia, pues a fin de cuentas, es el color del dinero.
-¿Qué queréis? ¿café? ¿coca cola? ¿cubata?
Esta última opción parecía ser la más apetecible, más me contuve y opté por la fanta.
- Coca Cola - contestó Jesús
- Coca Cola - pidió Domingo
- ¿De naranja o de limón? - preguntó Saura
- De naranja - respondí con contundencia
Nos ofreció unos posavasos un tanto extraños y que tendrían un cm de espesor.
-¿En qué carreras has corrido? Yo había oído que en Cheste hiciste vuelta rápida - le hizo la pelota Domingo.
- Mira, aquí tengo la revista. Ves, yo estoy documentado. Mira, esta es la Clio's Cup y aquí la Gt3. Mira, gané en Cheste y gané en Jerez. ¡Oye, el circuito de Jerez es una maravilla, eh, una auténtica gozada! Nosotros cuando llegamos allí, nos encontramos a los fórmula 1. Eso es otra historia. El caso es que los coches van sobre raíles. Nunca derrapan. Y si derrapan, es porque el piloto se ha equivocado o ha entrado pasado. Allí se apura al máximo. Mira yo tengo un Porsche. Toda la vida he tenido Porsche. De los cinco coches que tengo, cuatro son Porsche. Llegué a tener un Lamborghini Gallardo, pero lo vendí. Tuve dos Porsches antes de comprar el de carreras. Me encantan, pero eso sí, hay que conocerlos. Cuando te crees que los controlas, te dejan tirado. Como llevan la tracción trasera, el motor atrás, en fin, todo atrás, culeean mucho en las curvas y eso hay que saber manejarlo y hacerse con el coche. Me acuerdo en los entrenamientos que di unas cuantas vueltas, y hubo una que me dije: ¡Bah! ¡Esto ya es mío! En la curva número 4 trompo - describió orbitando su dedo. Entre en la curva con el morro demasiado metido y se me fue. El otro Porsche que competía en la carrera que yo gané en Cheste, el de Mauri, se tuvo que retirar por problemas mecánicos. El segundo fue un BMW. Y los BMW son muy díficiles y corren que te cagas. Ahora, eso sí, pelear con ellos es divertido, muy divertido.
- Este de aquí, ¿es un Clío? - preguntó Domingo aprovechando la pausa.
- No, es un Megane. Una máquina. Ese tira que da gusto. Seguirlo es muy complicado. Y este que ves aquí, es un Renault Trophy. Toda la carrocería se levanta. Estos coches están preparados, sólo y exclusivamente para correr. Y aquí tienes los Cups...
Después de tanta palabrería, salimos afuera a intentar dar con la clave del problema. El motor volvió a rugir coincidiendo con la llamada de Carpena, que flipó desde la distancia.
A la vuelta, lo acosamos con preguntas a él y al mecánico.
- ¿Cuánto pesa esto? - le pregunté
- Pesa 1116 kg y se le puede reducir el peso con las llantas de magnesio. Esto es como todo, cuanto más dinero le metas al coche, más lo mejoras. Por cierto, he oído que vosotros también competís. ¿En dónde?
- Bueno, nuestro coche es un prototipo que lo vamos a adaptar a etanol. Vamos a correr en mayo en Francia.
- ¿Cómo se llama la competición?
- Es la Shell Eco-Marathon
- ¡Ah, sí! He oído hablar de ella. De hecho, tuve la oportunidad de conocer al equipo de Valencia en Cheste. Creo que tienen su taller allí mismo, en el circuito. Me enseñaron aquello, y tenían montao un "sarao" de la hostia, una tecnología supersofisticada, midiendo la potencia de los motores, con telemetría incorporada, etc. Una pasada.
- Nosotros somos más humildes. No tenemos tanta tecnología, pero iremos avanzando.
- ¿Cuánto alcanza este coche? - le pregunté a Saura dándole un giro de 360º a la conversación.
- Nunca llega a lo que puede. La competición no deja ir a más - repuso el mecánico
- Lo único que se me ocurre, es colocarle una caja de resonancia en el motor. A ver si así logramos retenener el sonido - propuso Domingo
- Probemos con una caja de cartón. Solo por probar - dijo Saura algo más animado
El sonómetro experimentó una leve variación, tras comprobar cubriendo todos los recovecos del motor.
- Puff, es que bajar 16 dB es mucho - suspiró Domingo
- ¡Hay que bajarlos! - se empeñó poniéndose algo cabezota el piloto
- Bueno, vosotros, ingenieros - dijo señalándonos a Jesús y a mí - dadme alguna idea, como las que tenía Viki "El Vikingo". Ah, ¡vosotros no veíais a Viki "El Vikingo"! ¡no sabéis qué es eso! - le dijo en tono camadería a Domingo.
Éste último comentario me dolió bastante. Atentaba contra la cultura general.
- ¿De qué material está hecho la caja de resonancia? - le pregunté a Domingo
- De plástico.
- ¿Es eso el mejor aislante acústico que existe?
- Es probable.
Intentad fijaros en el Mercedes - propuso Jesús - poner un tubo en cada extremo y así se dispersará el sonido.
- Lo que podemos hacer, sería poner conductos en horizontal que finalicen en dos lanzas en los extremos. Así parte del sonido, se ahogaría dentro.
- Puede resultar - afirmó prudente el técnico de la ITV - pero no creo que lo pueda bajar todo
- Oye, una pregunta, ¿y si lanzamos los tubos hacia arriba? - atacó Saura
- No afectaría. La masa de sonido se expandiría igual - dijo el mecánico
- ¿Y reduciendo el diámetro de los tubos? - pregunté de nuevo
- Los gases del motor no saldrían del todo. Además, la competición, nos los exige así - repuso el mecánico que parecía tener repuesta para todo.
- ¡Bueno! ¡Vamos a hacer lo de los tubos interiores! - sentenció Saura viendo nubarrones en el horizonte - solo nos queda eso. ¡Venga, llévalo para allá! - le ordenó al chaval.
Fue una gozada verlo rodar. Antes de meterlo en el garage, se le cayó el parachoques trasero.
- ¡Eh, eh, tú! - le espetó Saura mostrándoselo cuando bajó - ¡qué te vas dejando el coche en el camino!
- Esto aqui que llevarlo a qué nos hagan los tubos - cambió de tema él.
- Pues venga, ¡a trabajar! ¡No hay tiempo que perder! - rezongó con entusiasmo
- Bueno señores, ¡Juan Antonio Saura, encantado! - dijo mientras nos estrechaba la mano
- ¡Encantado! - le dijimos uno por uno
De modo cortés, nos ofreció su colaboración para lo que quisiéramos y nos deseo suerte con nuestro prototipo.
- Eso sí, pero aquí, ¡máquinas grandes! ¡Alta tecnología!
A la salida, y mientras nos acompañaba de modo cortés, pudimos contemplar como le caía la última rosa del cielo en su larga cabellera.
- Aquel bicho que véis allí, pesa 10000 kg, alcanza un objeto a 11o metros a la redonda y es capaz de elevarlo hasta 150 metros. Ahí es nada. Ah, y para repararlo hacen falta diez camiones. Uno de los más grandes del mundo. Bueno caballeros, aquí les dejó - se despidió amablemente.
Ya afuera, Domingo dijo en voz baja:
- 5 millones de euros cuesta el coche, ¡madre mía!
- ¡Chacho! ¡Si esa grúa es capaz de levantar la Nueva Condomina sin moverse del sitio! - dije yo
Dejamos los maletines y nos alejamos hacia el taller a proseguir con lo nuestro.
- Éstos son - dijo su compañero - voy un momento a por la mercancía. Ahora vengo
- ¿Qué? ¿Cómo ha ido la cosa? - preguntó Antonio mostrando las brocas de medio milímetro.
- Digamos que ha sido un día provechoso para la radial - respondió tácitamente Jesús
- ¡Crespo, dime la verdad! - apresuró a decir Carpena
- No lo veo - le respondí
- ¡Joder!
En ese momento irrumpió el compañero en la sala:
- Ya está. ¡Venga en marcha!
- Id detrás de él. Lleva un 406. Ahora vais a ver un coche de carreras de los de verdad.
Bordeamos el túnel de la ITV y aguardamos a nuestro misterioso compañero en la puerta de salida.
- Éste es bueno. Alguna vez que he venido, me ha dicho: "Ron, que dices, ¿como va el auto?"
Cuando me vine a dar cuenta, el sol ya no me daba en la cara, pues tenía a Antonio apoyado contra mi ventana y con la mirada perdida.
- ¿Qué vais a hacer esta tarde? - preguntó como si no se fiara de nosotros y como si tuviera remordimiento de dejarnos solos a nuestro libre albedrío.
- Vamos a echarle fibra y a dejarlo bonico.
- Bien. Yo voy a desmontar el motor y a hacerle el agujero al chiclé.
Seguimos al 406 hasta el punto P situado en la antigua carretera de Molina. Grúas Milenio, así se llamaba la empresa. Atravesamos el portón, escoltando, uno a cada lado, a nuestro rechoncho amigo, ataviado con gafas de sol y con mueca seria y expectante.
- ¡Mirad, ése es! - anunció sin inmutarse
- ¿El del pelo largo?
- Sí, ese. Parece ser que le faltan las perras.
J.A. Saura no reflejaba del todo su status de millonario ocioso y caprichoso. Pese a no vestir ropa cara (llevaba zapatos, un polo azul marino y unos vaqueros), sus gestos y su actitud, además de su pelo me recordaban un personaje puente entre Quique Pina y Perico Wilches. Pero no, ahora que lo pienso mejor, le trae un cierto aire al bueno de Pocholo.
Entramos en uno de los talleres.
- ¡Ese es! - señalando la caja que yo portaba en mi mano derecha sin ni siquiera pararse a saludar - ¡ese es el que lleva la guardia civil en la carretera para ponérselo a las motos!
- ¡Pues venga!, vamos a ponérselo. ¿Cuánto exige la reglamentación? - dijo el de la ITV
- 90 decibelios. No más. Un cuarto de la potencia del motor.
Allí fuera se encontraba el bólido. Un Porsche 996 Cup con motor de 3500 cc y totalmente preparado de fábrica para enfrentarse a las máquinas más poderosas de todo el país. La publicidad del vehículo se resumía a "Grúas Milenio" exclusivamente, empresa propiedad (entre otras) de nuestro nuevo amiguito.
-¡Dale caña! - exigió Saura al mecánico joven
- ¡Moc,moc,moc! El mujido del automóvil fue indescriptible. Algunos de los que nos encontrábamos agachados sentimos su poder, tragando alguna que otra bocanada de humo y salpicándonos alguna que otra gota de gasolina en la ropa. Pronto el suelo estuvo empapado de combustible.
- ¡Acelera a tope! - dijo alguien
El sonómetro que yo sostenía marcaba diferentes valores al de "compañero". Calibró el suyo y me dijo que pusiera el mío a medio metro y a 45 grados de inclinación con el tubo de escape. Jesús, él y yo nos turnamos para efectuar las medidas.
Los aparatos marcaban 105 y 107 dB, respectivamente.
- Vamos al otro - dijo Juan Antonio señalando a otro Porsche colocado en paralelo.
También superaba con creces los 90 dB.
- Esto no puede ser. Si no es un coche modificado. Si sale así de casa.
- ¡Mierda! Tienen que marcar menos de 90. ¿Están correctamente calibrados? - preguntó Saura empezando a impacientarse ya.
- Sí, los aparatos están totalmente homologados y calibrados - respondió confiado "compañero"
Un tipo calvo y de gafas, se mostró susceptible y nervioso en todo momento y no paró de entrar y salir a su despacho en busca de los planos y las reglas de la competición.
- Aquí dice que hay que efectuar tres medidas a cada lado - leyó dándoselas de entendido
- Pero al estar los dos tubarros juntos con tomar una serie de tres basta - dijo "compañero" bajándole los humos.
Dos o tres mecánicos se arrecimaban en torno a nosotros constituyendo un grupo de mirones integrado por unas ocho personas. Mientras discutían, Jesús y yo nos dedicábamos a ver el interior del vehículo. Estaba escrupulosamente tapizado, el contacto llave estaba a la izquierda del volante y todas las ruedas colocadas con pasadores. Las puertas y el maletero eran de fibra de carbono y los cristales de las ventanillas de policarbonato.
- La suspensión va con cilindros de nitrógeno, dijo "compañero". Mira, tiene tres indicó - uno delante en el capó, otró en el lateral y otro ahí detrás.
El motor se encontraba en el interior del maletero y constaba de una doble bancada que ocupaba un metro y medio de ancho.
"Compañero" llamó a la ITV para localizar los datos del vehículo. Cuando terminó su llamada anunció:
- El coche debe de dar 102-103 dB.
- ¿Cómo te llamas tú?
- Domingo.
- Domingo. Si es que un coche de carreras es imposible que no sobrepase los 90. Nada más que en el arranque coge ya 90. Imagínate allí dándole "canela" al coche.
- Ya, si es lo que yo digo. En fin, si lo exigen es porque se podrá de alguna manera.
- ¡Venid hacia acá! - ordenó un tanto agitado
Nos desplazamos hasta un Mercedes verde SL 500 dotado de 5000 cc, una mala bestia al alcance de muy pocos. Al arrancarlo no superó la cota de los 70, más cuando aceleró (apenas se notó) llegó hasta los 88 dB.
- ¡88! Le dijimos cuando salió del coche.
- ¡Joder! ¡Y porque este coche es silencioso. ¿Cómo pueden exigirle a un coche de carreras menos de 90 dB? - preguntó retóricamente el personaje sin parar de hacer aspavientos con ambos brazos.
Volvimos hasta la altura del deportivo. A alguien le dio por probar tapando con cartones el tubo de escape (creo que al propio saura), pero no funcionó.
- No me lo puedo creer - dijo - En todas las carreras donde hemos corrido, La levantina, que incluye la prueba de Valencia, Albacete y Cartagena no nos miden el sonido del coche, y van los madrileños ahora y dicen que 90. ¡Hay que joderse! ¡Bueno!, ¡pasad!, ¡vamos a tomarnos un café!
Jesús y yo no pudimos evitar mirar atrás a admirar aquella maravilla, mientras Domingo y el campeón atrevesaban el umbral de la puerta. Cuando intentamos pasar, ya se encontraba cerrada. Alguien nos abrió desde el interior, viendo que buscábamos sensores táctiles. Domingo asomó la cabeza y no pudo disimular una sonrisa burlona.
Su despacho era perfecto. Típico de un jugador de póker que ha sabido jugar bien sus cartas. Era espacioso, amplio, y minuiciosamente pintado y ordenado. Los sillones eran blancos y tapizados, las sillas confortables, las lámparas adosadas al techo de las que se regulan girando. Predominaba el blanco en la estancia, pues a fin de cuentas, es el color del dinero.
-¿Qué queréis? ¿café? ¿coca cola? ¿cubata?
Esta última opción parecía ser la más apetecible, más me contuve y opté por la fanta.
- Coca Cola - contestó Jesús
- Coca Cola - pidió Domingo
- ¿De naranja o de limón? - preguntó Saura
- De naranja - respondí con contundencia
Nos ofreció unos posavasos un tanto extraños y que tendrían un cm de espesor.
-¿En qué carreras has corrido? Yo había oído que en Cheste hiciste vuelta rápida - le hizo la pelota Domingo.
- Mira, aquí tengo la revista. Ves, yo estoy documentado. Mira, esta es la Clio's Cup y aquí la Gt3. Mira, gané en Cheste y gané en Jerez. ¡Oye, el circuito de Jerez es una maravilla, eh, una auténtica gozada! Nosotros cuando llegamos allí, nos encontramos a los fórmula 1. Eso es otra historia. El caso es que los coches van sobre raíles. Nunca derrapan. Y si derrapan, es porque el piloto se ha equivocado o ha entrado pasado. Allí se apura al máximo. Mira yo tengo un Porsche. Toda la vida he tenido Porsche. De los cinco coches que tengo, cuatro son Porsche. Llegué a tener un Lamborghini Gallardo, pero lo vendí. Tuve dos Porsches antes de comprar el de carreras. Me encantan, pero eso sí, hay que conocerlos. Cuando te crees que los controlas, te dejan tirado. Como llevan la tracción trasera, el motor atrás, en fin, todo atrás, culeean mucho en las curvas y eso hay que saber manejarlo y hacerse con el coche. Me acuerdo en los entrenamientos que di unas cuantas vueltas, y hubo una que me dije: ¡Bah! ¡Esto ya es mío! En la curva número 4 trompo - describió orbitando su dedo. Entre en la curva con el morro demasiado metido y se me fue. El otro Porsche que competía en la carrera que yo gané en Cheste, el de Mauri, se tuvo que retirar por problemas mecánicos. El segundo fue un BMW. Y los BMW son muy díficiles y corren que te cagas. Ahora, eso sí, pelear con ellos es divertido, muy divertido.
- Este de aquí, ¿es un Clío? - preguntó Domingo aprovechando la pausa.
- No, es un Megane. Una máquina. Ese tira que da gusto. Seguirlo es muy complicado. Y este que ves aquí, es un Renault Trophy. Toda la carrocería se levanta. Estos coches están preparados, sólo y exclusivamente para correr. Y aquí tienes los Cups...
Después de tanta palabrería, salimos afuera a intentar dar con la clave del problema. El motor volvió a rugir coincidiendo con la llamada de Carpena, que flipó desde la distancia.
A la vuelta, lo acosamos con preguntas a él y al mecánico.
- ¿Cuánto pesa esto? - le pregunté
- Pesa 1116 kg y se le puede reducir el peso con las llantas de magnesio. Esto es como todo, cuanto más dinero le metas al coche, más lo mejoras. Por cierto, he oído que vosotros también competís. ¿En dónde?
- Bueno, nuestro coche es un prototipo que lo vamos a adaptar a etanol. Vamos a correr en mayo en Francia.
- ¿Cómo se llama la competición?
- Es la Shell Eco-Marathon
- ¡Ah, sí! He oído hablar de ella. De hecho, tuve la oportunidad de conocer al equipo de Valencia en Cheste. Creo que tienen su taller allí mismo, en el circuito. Me enseñaron aquello, y tenían montao un "sarao" de la hostia, una tecnología supersofisticada, midiendo la potencia de los motores, con telemetría incorporada, etc. Una pasada.
- Nosotros somos más humildes. No tenemos tanta tecnología, pero iremos avanzando.
- ¿Cuánto alcanza este coche? - le pregunté a Saura dándole un giro de 360º a la conversación.
- Nunca llega a lo que puede. La competición no deja ir a más - repuso el mecánico
- Lo único que se me ocurre, es colocarle una caja de resonancia en el motor. A ver si así logramos retenener el sonido - propuso Domingo
- Probemos con una caja de cartón. Solo por probar - dijo Saura algo más animado
El sonómetro experimentó una leve variación, tras comprobar cubriendo todos los recovecos del motor.
- Puff, es que bajar 16 dB es mucho - suspiró Domingo
- ¡Hay que bajarlos! - se empeñó poniéndose algo cabezota el piloto
- Bueno, vosotros, ingenieros - dijo señalándonos a Jesús y a mí - dadme alguna idea, como las que tenía Viki "El Vikingo". Ah, ¡vosotros no veíais a Viki "El Vikingo"! ¡no sabéis qué es eso! - le dijo en tono camadería a Domingo.
Éste último comentario me dolió bastante. Atentaba contra la cultura general.
- ¿De qué material está hecho la caja de resonancia? - le pregunté a Domingo
- De plástico.
- ¿Es eso el mejor aislante acústico que existe?
- Es probable.
Intentad fijaros en el Mercedes - propuso Jesús - poner un tubo en cada extremo y así se dispersará el sonido.
- Lo que podemos hacer, sería poner conductos en horizontal que finalicen en dos lanzas en los extremos. Así parte del sonido, se ahogaría dentro.
- Puede resultar - afirmó prudente el técnico de la ITV - pero no creo que lo pueda bajar todo
- Oye, una pregunta, ¿y si lanzamos los tubos hacia arriba? - atacó Saura
- No afectaría. La masa de sonido se expandiría igual - dijo el mecánico
- ¿Y reduciendo el diámetro de los tubos? - pregunté de nuevo
- Los gases del motor no saldrían del todo. Además, la competición, nos los exige así - repuso el mecánico que parecía tener repuesta para todo.
- ¡Bueno! ¡Vamos a hacer lo de los tubos interiores! - sentenció Saura viendo nubarrones en el horizonte - solo nos queda eso. ¡Venga, llévalo para allá! - le ordenó al chaval.
Fue una gozada verlo rodar. Antes de meterlo en el garage, se le cayó el parachoques trasero.
- ¡Eh, eh, tú! - le espetó Saura mostrándoselo cuando bajó - ¡qué te vas dejando el coche en el camino!
- Esto aqui que llevarlo a qué nos hagan los tubos - cambió de tema él.
- Pues venga, ¡a trabajar! ¡No hay tiempo que perder! - rezongó con entusiasmo
- Bueno señores, ¡Juan Antonio Saura, encantado! - dijo mientras nos estrechaba la mano
- ¡Encantado! - le dijimos uno por uno
De modo cortés, nos ofreció su colaboración para lo que quisiéramos y nos deseo suerte con nuestro prototipo.
- Eso sí, pero aquí, ¡máquinas grandes! ¡Alta tecnología!
A la salida, y mientras nos acompañaba de modo cortés, pudimos contemplar como le caía la última rosa del cielo en su larga cabellera.
- Aquel bicho que véis allí, pesa 10000 kg, alcanza un objeto a 11o metros a la redonda y es capaz de elevarlo hasta 150 metros. Ahí es nada. Ah, y para repararlo hacen falta diez camiones. Uno de los más grandes del mundo. Bueno caballeros, aquí les dejó - se despidió amablemente.
Ya afuera, Domingo dijo en voz baja:
- 5 millones de euros cuesta el coche, ¡madre mía!
- ¡Chacho! ¡Si esa grúa es capaz de levantar la Nueva Condomina sin moverse del sitio! - dije yo
Dejamos los maletines y nos alejamos hacia el taller a proseguir con lo nuestro.
sábado, 23 de febrero de 2008
HISTORIAS DE UNA POLLONETA (PARTE I)
Esto que me había pillado unas entradas para una première (se escriba así o no) para ver Dejavu, en el edificio Hispania (ese tan grande que se encuentra enfrente del corte inglés). Hay que decir,
que las entradas parecían más bien cartulinas para hacer murales que entradas de cine convencionales, en las cuales tienes que ponerte las gafas de cerca para distinguir la fila y el número de asiento que te corresponde.
No sé por qué habían decidido estrenar una película antes de tiempo en el zig-zag. El caso, es que no estaba dispuesto a perdérmelo, y no puedo ocultar que me picaba la curiosidad por asistir. Quizá acudirían grandes estrellas del mundo del celuloide que irrumpieran con pomposas limusinas y que pisaran la alfombra roja.
Esto que Chalter iba conduciendo su cuatriciclo por Juan Carlos I, y como íbamos justos de tiempo (como siempre que hay concentraciones de grandes masas), decidimos aparcar cerca.
Las calles de alrededor estaban llenas y polloneta no cabía en ningún hueco.
- ¡Vamos a aparcar aquí!-dijo Walter señalando al aparcamiento del Carrefour - ¡aquí hay muchos espacios! ¡no creo que cierren después!
Emprendió la maniobra, a la par que decía:
- ¡Mira, te voy a sorprender nuevamente! - chilló entusiasmado mientras pasaba entre dos coches y se detenía en la plaza que estaba justo delante.
Nos dirigimos al complejo comercial, al tiempo que Walter aprovechaba para indicarme donde vivía Ramón.
- ¡Tengo hambre! - dijo Walter lampeando
- ¡No hay tiempo! ¡mira la cola que hay!
Dije esto porque un grupo de chicas de unos catorce años de edad estaban pidiendo en el argentino. Eran el equipo de patinadoras argentinas que había venido a competir al campeonato del mundo aquí en Murcia.
Sin embargo, yo no había caído en la cuenta de que se estaba celebrando dicho evento.
- ¿Cuando jugáis para que vayamos a veros? - le pregunté a una que esperaba en el mostrador
Ella se me quedó mirando perpleja e intimidada.
Alguien me dijo que era patinaje por equipos. No se si fue mi conciencia o ella misma.
- El jueves - respondió ella tras experimentar dos minutos de pensamientos impuros hacia mi persona
Cuando llegó el turno de Walter (media hora después), el gordo tergiversó su pedido. Espero que matice él, porque no sé si le echó la salsa que no era, o que le sacó del horno una cosa que él no había pedido. Se cabreó él, y me cabreé yo.
Al margen de la comida y de las salsas, éstas fueron introducidas en grasientas bolsas que impregnaron de colesterol los brazos de los asientos del cine.
Entramos tarde a la sala y nos costó un mundo hacernos con un asiento. Al cabo de unos minutos, Walter insinuó:
- Crespo, creo que nos hemos equivocao de película.
Seguidamente, apareció en la pantalla un rótulo que rezaba así: "Los fantasmas de Goya"
- Pa mí que sí, eh - me mofé con sorna.
Salimos precipitadamente de la sala, pegando pisotones, tirando conos de palomitas y untándolo todo de grasa. Subimos al piso de arriba e irrumpimos en "Dejavu". El acomodador se enojó y nos condujo hasta un privilegiado sitio situado en el centro de la estancia.
La película trataba de una persona de raza negra que moría pero que realmente no moría, gracias a una maquinita que adelantaba los acontecimientos.
A la salida, nos dirigimos al parking, que por cierto se encontraba muy oscuro.
que las entradas parecían más bien cartulinas para hacer murales que entradas de cine convencionales, en las cuales tienes que ponerte las gafas de cerca para distinguir la fila y el número de asiento que te corresponde.
No sé por qué habían decidido estrenar una película antes de tiempo en el zig-zag. El caso, es que no estaba dispuesto a perdérmelo, y no puedo ocultar que me picaba la curiosidad por asistir. Quizá acudirían grandes estrellas del mundo del celuloide que irrumpieran con pomposas limusinas y que pisaran la alfombra roja.
Esto que Chalter iba conduciendo su cuatriciclo por Juan Carlos I, y como íbamos justos de tiempo (como siempre que hay concentraciones de grandes masas), decidimos aparcar cerca.
Las calles de alrededor estaban llenas y polloneta no cabía en ningún hueco.
- ¡Vamos a aparcar aquí!-dijo Walter señalando al aparcamiento del Carrefour - ¡aquí hay muchos espacios! ¡no creo que cierren después!
Emprendió la maniobra, a la par que decía:
- ¡Mira, te voy a sorprender nuevamente! - chilló entusiasmado mientras pasaba entre dos coches y se detenía en la plaza que estaba justo delante.
Nos dirigimos al complejo comercial, al tiempo que Walter aprovechaba para indicarme donde vivía Ramón.
- ¡Tengo hambre! - dijo Walter lampeando
- ¡No hay tiempo! ¡mira la cola que hay!
Dije esto porque un grupo de chicas de unos catorce años de edad estaban pidiendo en el argentino. Eran el equipo de patinadoras argentinas que había venido a competir al campeonato del mundo aquí en Murcia.
Sin embargo, yo no había caído en la cuenta de que se estaba celebrando dicho evento.
- ¿Cuando jugáis para que vayamos a veros? - le pregunté a una que esperaba en el mostrador
Ella se me quedó mirando perpleja e intimidada.
Alguien me dijo que era patinaje por equipos. No se si fue mi conciencia o ella misma.
- El jueves - respondió ella tras experimentar dos minutos de pensamientos impuros hacia mi persona
Cuando llegó el turno de Walter (media hora después), el gordo tergiversó su pedido. Espero que matice él, porque no sé si le echó la salsa que no era, o que le sacó del horno una cosa que él no había pedido. Se cabreó él, y me cabreé yo.
Al margen de la comida y de las salsas, éstas fueron introducidas en grasientas bolsas que impregnaron de colesterol los brazos de los asientos del cine.
Entramos tarde a la sala y nos costó un mundo hacernos con un asiento. Al cabo de unos minutos, Walter insinuó:
- Crespo, creo que nos hemos equivocao de película.
Seguidamente, apareció en la pantalla un rótulo que rezaba así: "Los fantasmas de Goya"
- Pa mí que sí, eh - me mofé con sorna.
Salimos precipitadamente de la sala, pegando pisotones, tirando conos de palomitas y untándolo todo de grasa. Subimos al piso de arriba e irrumpimos en "Dejavu". El acomodador se enojó y nos condujo hasta un privilegiado sitio situado en el centro de la estancia.
La película trataba de una persona de raza negra que moría pero que realmente no moría, gracias a una maquinita que adelantaba los acontecimientos.
A la salida, nos dirigimos al parking, que por cierto se encontraba muy oscuro.
- ¡Coño! ¡Esta puerta está cerrada! - dije yo - ¡Bueno! ¡A lo mejor han dejado la otra abierta!
Me equivoqué.
Salimos "picando rueda" y dejando goma de neumático por todo el piso del parking. La puerta que daba a Mariano Rojas también estaba cerrada.
- ¡Mierda! - exclamé temiéndome ya lo peor- mira a ver por ahí, le dije a Chalter
La lateral tampoco se encontraba operativa.
- Sólo nos queda una opción, tira a la izquierda.
La cuarta puerta también se encontraba cerrada.
Incitado por la gravedad del momento o impelido por la angustia y la precipitación, ideé una plan de emergencia. Éste no era otro que subir la rampa que daba al restaurante chino, evitando así acabar con la flora del lugar. Tampoco quise atravesar el descampado posterior por temor a un más que seguro pinchazo. Como comprobamos a continuación, no tenía accesorios de utilidad (maderas para hacer rampa o varillas largas para hacer palanca). Solo abundaban profilácticos precursores del sida y una gran variedad de púas de distinto calibre, y bastante oxidadas, por cierto.
Tras hacer un giro brusco a derechas y sortear con éxito la esquina del chino, enfilamos directos hacia nuestra libertad, la cual se encontraba a 25 metros. No obstante, cuando ya suspirábamos de alivio, se oyó un crujido semejante a éste:
¡Cataclaasss!
¡Ostiasssss! dijo alguien
¡Madre mía! ¡Los bajos, Walter! - grité llevándome las manos a la cabeza.
Había sido un buen intento, pero no había contado con la altura de los escalones. Por ello, la polloneta se había quedado incrustada entre dos de ellos formando un ángulo de 45º con la horizontal. Es probable que si hubierámos acelerado a fondo en la recta, se hubieran evitado las escaleras. Nos condenó la precaución en ese momento. A pesar de eso, nos hubiéramos "comido" los maceteros del final de la calle.
Lo primero que se nos ocurrió fue buscar algún pedazo de madera para que los bajos del vehículo pudieran deslizar y que nos proporcionaran salir de tan ruinosa situación. Al final, y tras dar varias vueltas en círculo adorando a la polloneta, optamos por llamar a la grúa.
No fue eso lo más difícil, sino buscar los papeles del seguro en la guantera. Casi acabo sepultado entre una montaña de folios y cuartillas.
- Da igual. Paga la empresa. Lo peor de todo es que son las 1 y 30 y yo mañana la necesito para trabajar - aventuró resoplando el bueno de A.C.
- Tras llamar a la centralita en varias ocasiones, al fin se dignaron a darnos los datos necesarios. Llamé a la grúa de Espinardo con mano temblorosa.
- ¿Las grúas? Sí, mire. Es que tenemos un problema. Nos encontramos atrapados por aquí...
- ¿Qué???? ¿Atrapados? ¿Dónde? ¿Qué pasa aquí? - chilló un voz de tío despendolado de 50 años
- ¡Qué nos hemos quedado estancados en unos escalones!
- ¿Y cómo ha sido eso?
- Le hablo en serio.
- Bueno, ¿dónde es?
- Al lado del parking del Carrefour. En una especie de calle salón por detrás de Juan Carlos I.
- ¿Juan Carlos I? ¿Dónde está eso?
- Pues cogiendo la Redonda y tirando en dirección Espinardo. Lo que pasa es que así iría en dirección contraria. Tiene que bajar desde Espinardo dejando a un lado todos los concesionarios. Enseguida a la derecha se encuentra el Carrefour. Pues la siguiente calle.
- ¿Y cómo se llama la calle?
- Eché una correntilla hasta la esquina y le recité el nombre completo sin obviar los acentos.
Mientras esperábamos la llegada de la grúa, un grupo de estudiantes que estaban haciendo botelleo se asomaron al balcón atraídos por todo el paripé montado. Al parecer, nos reconocieron y se burlaron escandalosamente. Más tarde supimos que se trataba del Javi y del Sergio de Caravaca.
Con mucha dificultad, apartamos los maceteros que separaban la calle salón de la otra.
Walter y yo salimos a su encuentro al arcén de la carretera. Estábamos tan desquiciados, que veíamos camiones-grúa por todos lados. Pasaban los minutos y crecía la impaciencia. Tras media hora de interminable espera, un vehículo se detuvo a la entrada del Carrefour. Lo vi claro y empecé a correr hacia él. El conductor al ver que nadie llegaba se preparó a dar la vuelta. Estaba saliendo ya a la carretera cuando aparecí vociferando a pleno pulmón.
- Sube - se limitó a decir aquel tipo vestido con cazadora y entumecido por el frío y la humedad.
En aquel momento sonaba la famosa canción de Queen "Once me forever..."
- ¿Por dónde es? - dijo
- Por allí detrás, pero tiene que meterse por la calle siguiente.
El conductor superó el examen: metió el camión en una estrecha calle con conches aparcados a ambos lados y emprendió la maniobra marcha atrás.
-¡Joder! - exclamó cagándose en todo lo viviente - ¿Cómo coño os las habéis apañado para meteros ahí?
- Pues que nos hemos quedado encerrados en el parking y hemos intentado salir por ahí.
El gruista piso a fondo para superar el escalón. El camión paso muy justo el ancho de la calle. Bajo del transporte y enganchó la furgoneta. Empezó a tirar y a tirar, y poco a poco, el crujir de los escalones se empezó a sentir. Finalmente, cedió, el gancho disminuyó su fuerza y Walter, que se encontraba montado dentro de "Poyoneta", pisó el freno para atenuar la caída. Aún así el golpe contra el suelo fue terrible y despertó a la otra mitad del edificio que había logrado conciliar el sueño.
Walter le enseñó la documentación y el gruista emprendió su retorno entre sudoroso y satisfecho por su hazaña.
Walter imploró al cielo para que los bajos no hubieran quedado muy dañados.
Quedamos libres al fin, y Walter me dejó en La Circular sobre las dos y pico de la madrugada.
Caminé hacia las taskas mientras la gente de la Universidad me atiborraba a toques. Llegué sobre las tres a Cheché con cara de pocos amigos. Poca gente quedaba en el bar, pues todo el "bakalao" ya se encontraba partido. Me tome un copazo sin querer hablar con nadie. Llegué sucio y desaliñado, lleno de grasa y de polvo, además de despeinado.
Finalmente conté lo sucedido a los allí presentes, que no daban crédito a tan absurda aventura.
- Hubiera estado muy bien que nos hubiera traído la grúa hasta la puerta del bar -comenté, recuperando mi sentido del humor.
Regresé a mi casa, no sin antes acompañar a Cristina y a María Toledo a sus casas, mientras la lluvia arreciaba, provocando que llegara a casa empapado y al borde de un buen resfriado.
Continuará...
sábado, 22 de diciembre de 2007
CREAMFIELDS ANDALUCÍA '08

¡Qué alivio! ¡Qué notición! ¡Qué alegría!
Cualquiera de estas exclamaciones vale para describir el último anuncio de Cream. Y es que los amantes de la mejor música electronica están de enhorabuena. Cream ha decidido asentarse en Almería, aunque el lugar no sea el mismo, y según parece lo hará de manera indefinida, ya que tiene intención de comprar los terrenos.
El caso es que la Playa de Guardias Viejas (El Ejido) ha sido confirmada como escenario para este multitudinario evento.
Mucha gente se sintió defraudada cuando hace unos meses se rumoreó que el Cream se mudaba a Barcelona dejando huérfano al sur español. Al parecer, el afamado club de Liverpool ha decidido hacer dos festivales paralelos. Se mantienen las fechas y los patrocinadores. Lo único que cambia es que tendremos que hacer 100 km más, lo que supone una hora y cuarto más de viaje. ¡Qué le vamos a hacer, peor es que se vaya a Barcelona! Sin embargo, y según dicen los organizadores, el recinto va a ser mucho más espectacular.
Atrás queda "La Piná", Garrucha, "El Barranco" y la playa de Villaricos. Aún así, la esencia prevalece, y el verano que viene, si la enfermedad y Dios lo permiten, habrá fiestón. No sé lo que opinará la gente de esto, pero ¡yo voy!
viernes, 23 de noviembre de 2007
¡Felicidades Equipo Shell Eco-Marathon de Murcia!

¡Nos han cogido! Así sonó en mi celular la voz de Javi Morales que no podía ocultar su euforia.
¡Bien, bien! ¡Sí, sí! Respondí exultante admitiendo con disimulo el catatónico estado en el que me encontraba inmerso durante eternas décimas de segundo, o segundos, o tal vez decenas de segundos... ¿quién sabe?¿y qué más da? Ya estaba hecho. Acababa de conocer la noticia de nuestra admisión en la competición que tendrá lugar en el circuito de Nogaro a finales del próximo mes de Mayo.
No todo ha sido en balde. Tantas horas de sacrificio no se han tirado a la basura así como así. Tanta sangre no ha sido vertida sobre el asfalto para nada. Ni los pequeños hilillos de fibra desparramados por el suelo del taller han sido desperdiciados. Así es. Y así debería de ser siempre. El tiempo nos ha dado la razón. Nuestra hipotética locura, se ha impuesto a nuestra esquizofrenia prematura diagnósticada por aquellos detractores (muchos de ellos allegados nuestros), que ni siquiera "daban un duro" por nosotros. Ahora es cuando se oye un profundo rechinar de dientes. Pero lejos, muy lejos de los oídos de aquellos, que a partir de hoy, vivimos montados en una nube. Una nube que se ha esfumado y que nos ha permitido ver la claridad y la inmensidad del cielo. Porque el sueño ha dado paso a la realidad. Y que con la realidad, el sueño no se ha esfumado, sino que sigue vigente. Y aquí estamos, y hasta aquí hemos llegado. Pero este no es nuestro techo. Ni mucho menos. Aún queda un largo trecho por recorrer, ya sea pie o impulsados por un motor de una desbrozadora de escasa cilindrada. Ya no hay vuelta atrás. Puede que nunca la haya. O sí, pero en un sueño. Mejor, en una brizna de aire marino que te hace sentir un ligero escalofrío pasajero. Pero, ¿qué más da? A lo ya hecho, pecho. El hombre propone y Dios dispone. En Mayo acabaremos el trabajo. Todos juntos. Así pues, ¡qué ondeen al viento las banderas a cuadros!, ¡qué chillen las gargantas!, ¡qué rujan los motores! ¡qué tiemble el asfalto! Porque ya estamos allí, en alma todavía, pero estamos. ¡Adelante Equipo Davasa-Parrot UMU Team! ¡Adelante mis bravos amigos! ¡Nuestra meta está más cerca! ¡Ánimo!
INTRODUCCIÓN: EL BLOG DE F.
"Lo complicado no es crear un blog. Lo verdaderamente difícil es saber mantenerlo"
F.C. - Año 2007 d.C.
Atentamente
Vuestro narrador omnisciente
F.C. - Año 2007 d.C.
¡Por fin! ¡Ya llegó! ¡El ansiado blog de F.C. ya está aquí! Se de buena mano, que el ansia y la impaciencia os recomía las vísceras, y se os revolvían las tripas de ansiedad por ver mi criatura.
Una criatura, que se convertirá en un engendro si vosotros no participáis de manera activa con vuestros comentarios y cariñosas dedicatorias. Necesito de vuestra confianza y apoyo, acuñado durante todos estos años con celo y castidad, para que me anime a contar mis aventuras y acechanzas por este mundo decrépito (cada vez que salga la palabra decrépito en alguna de mis ensayos lo sombrearé en negrita) alejado de la mano de Dios. Un mundo inhóspito, hostil y desagradecido, que me da sopapos sin piedad en la mejilla, y que me obliga a levantarme día tras día a redactar nuevas y absurdas narraciones. Espero que este blog se haga "infumable" para todos vosotros, que os desespere, que os haga tiraros de los pelos, que os obligue a insuflaros cantidades ingentes de café en vena, que os deje atónitos y perplejos, que os haga reconsiderar vuestra actitud hacia la vida, que os lleve hasta los más altos estadíos del cielo, que os saque de la droga, que os lleve a conocer la Biblia a fondo, que os haga desempolvar vuestras videotecas para videar capítulos de "Noche de Fiesta", que os haga vivir las fiestas con más intensidad, que os saque del estreñimiento, que os provoque truñar con más virulencia, que os haga vibrar en cada momento, que os haga besar con mas fuerza los labios de vuestra/o parienta/e, que despierte en vuestro interior el sentimiento de amar al enemigo, que os haga convertiros al cristianismo, que peregrinar a Caravaca una vez al año (preferiblemente a primeros de mayo)... En fin no quiero explayarme demasiado para no aburriros, porque este blog, lo que pretende es vivir de una forma más divertida y jovial los acontecimientos del día a día, pero siempre desde mi punto de vista, el de un "servidor" que vela por vuestro bien y el de su "Santa Iglesia". Algunos pensaréis que estoy "colgao", pero no es así, pues de pequeño caí en una marmita llena de Fanta (no me acuerdo si era de limón o de naranja) y me quedé así, tal y como soy. De ahí que mi organismo no requiera de "poción mágica" para abastecerme en botelleos y conciertos.
Por favor, y ya en serio (je,je), admito sugerencias y ideas sobre cualquier temática, ya sea para motivarme a escribir sobre algún tema en concreto, o para rectificar (de manera pulcra y educada) algún punto de mis escritos, cuyos errores vengan motivados por deslices de mi terco subconsciente.
Se agradecerán y valorarán sobremanera, la imprenta de frases míticas, ya sean de cosecha propia o ajena, reflejadas o no en los libros o internet.
Un día al azar, cuando me venga en gana, publicaré una clasificación por puntos de aquellas personas a las que esté más agradecido por su contribución a mi insignificante espacio.
A cambio, y como muestra de agradecimiento y mi infinita piedad, intentaré por todos los medios actualizar este blog cuando pueda y como pueda, con tal de que este infinitesimal subconjunto de "la red" permanezca durante siglos incólume.
Nada más, a la masa me debo y mis palabras me llevo (de momento)
Una criatura, que se convertirá en un engendro si vosotros no participáis de manera activa con vuestros comentarios y cariñosas dedicatorias. Necesito de vuestra confianza y apoyo, acuñado durante todos estos años con celo y castidad, para que me anime a contar mis aventuras y acechanzas por este mundo decrépito (cada vez que salga la palabra decrépito en alguna de mis ensayos lo sombrearé en negrita) alejado de la mano de Dios. Un mundo inhóspito, hostil y desagradecido, que me da sopapos sin piedad en la mejilla, y que me obliga a levantarme día tras día a redactar nuevas y absurdas narraciones. Espero que este blog se haga "infumable" para todos vosotros, que os desespere, que os haga tiraros de los pelos, que os obligue a insuflaros cantidades ingentes de café en vena, que os deje atónitos y perplejos, que os haga reconsiderar vuestra actitud hacia la vida, que os lleve hasta los más altos estadíos del cielo, que os saque de la droga, que os lleve a conocer la Biblia a fondo, que os haga desempolvar vuestras videotecas para videar capítulos de "Noche de Fiesta", que os haga vivir las fiestas con más intensidad, que os saque del estreñimiento, que os provoque truñar con más virulencia, que os haga vibrar en cada momento, que os haga besar con mas fuerza los labios de vuestra/o parienta/e, que despierte en vuestro interior el sentimiento de amar al enemigo, que os haga convertiros al cristianismo, que peregrinar a Caravaca una vez al año (preferiblemente a primeros de mayo)... En fin no quiero explayarme demasiado para no aburriros, porque este blog, lo que pretende es vivir de una forma más divertida y jovial los acontecimientos del día a día, pero siempre desde mi punto de vista, el de un "servidor" que vela por vuestro bien y el de su "Santa Iglesia". Algunos pensaréis que estoy "colgao", pero no es así, pues de pequeño caí en una marmita llena de Fanta (no me acuerdo si era de limón o de naranja) y me quedé así, tal y como soy. De ahí que mi organismo no requiera de "poción mágica" para abastecerme en botelleos y conciertos.
Por favor, y ya en serio (je,je), admito sugerencias y ideas sobre cualquier temática, ya sea para motivarme a escribir sobre algún tema en concreto, o para rectificar (de manera pulcra y educada) algún punto de mis escritos, cuyos errores vengan motivados por deslices de mi terco subconsciente.
Se agradecerán y valorarán sobremanera, la imprenta de frases míticas, ya sean de cosecha propia o ajena, reflejadas o no en los libros o internet.
Un día al azar, cuando me venga en gana, publicaré una clasificación por puntos de aquellas personas a las que esté más agradecido por su contribución a mi insignificante espacio.
A cambio, y como muestra de agradecimiento y mi infinita piedad, intentaré por todos los medios actualizar este blog cuando pueda y como pueda, con tal de que este infinitesimal subconjunto de "la red" permanezca durante siglos incólume.
Nada más, a la masa me debo y mis palabras me llevo (de momento)
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